Reflexiones, ideas y anécdotas de una mamá puérpera...
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sábado, 1 de septiembre de 2012

Mujeres, en plural y singular, siempre en femenino



  Vuelvo del XV Encuentro Regional de Mujeres, celebrado en Moreno, Provincia de Buenos Aires. Me motivó a participar el llevar y comunicar la realidad que atraviesa nuestro derecho como mujeres a elegir cómo, dónde y con quién parir, la necesidad de sumar voluntades a la lucha por preservar la posibilidad de elegir parir en casa con parteras. Fui junto con Belén Weber, partera independiente y José María Lubertino representante de la Relacahupan (Red Latinoamericana y del Caribe para la humanización del parto y el Nacimiento)

   Allí estuve, entre historias de mujeres, historias de mujeres de diferentes edades, diferentes lugares, diferentes situaciones económicas, historias de maternidades deseadas, maternidades impuestas por mandatos y estereotipos que nos atraviesan, historias de mujeres que aman mujeres y desean maternar, mujeres con historias duras, difíciles, historias individuales llenas de diversidad pero entrelazadas por  nuestro género femenino como común denominador.
   En la escucha respetuosa de las experiencias de cada una, en las reflexiones personales, me maravillo observando a estas mujeres, con sus vivencias, con su sentir, pudiéndose palpitar el trabajo del camino realizado por cada una hasta llegar allí, a esa ronda para contar su verdad.
   Cuando en momento se escuchó: "Se van colando en nuestro discurso palabras como: culpa, violencia, dolor, soledad, pero también está presente la RESILENCIA, esa capacidad para sobreponerse al dolor y salir fortalecido", miro a estas mujeres a las cuales jamás vi en mi vida y como nunca, me siento orgullosa de SER mujer, de mis ciclos, de mis lunas rojas, de mi intuición y mi sensibilidad menospreciadas por el patriarcado, me siento orgullosa de mi género y de verme reflejada en mujeres, de diferentes edades, diferentes lugares, diferentes situaciones económicas. Mujeres diferentes a mi, pero pares a la vez...




 




viernes, 17 de agosto de 2012

La lluvia que trajo a la Niña Bonita


   Sigo con las emociones a flor de piel, por este 15 de agosto, por haber vivido esa jornada de lluvia, de truenos estridentes, de espera, calor humano, de penumbra. Sigo con el corazón palpitando fuerte, por haber vivido tamaña experiencia, la de haber visto nacer a un nuevo ser, la de haber sido testigo del poder, de la enorme capacidad, la sabiduría con la que se embistió mi comadre durante su trabajo de parto. Y me emociono, porque no puedo dejar de recordar los momentos recientes, las risas de mi ahijada, que jugaba conmigo mientras su hermana se abría camino al mundo y cómo cada tanto se acercaba a su mamá y a su papá que pasaban por una contracción y les daba una caricia o un abrazo. Las manos de una amiga, masajeando, acariciando. Las parteras, cuidando, susurrando palabras de energía, de amor.
   Fue una jornada mágica, todo se fue sucediendo al ritmo que necesitaba ser, los planetas se alinaron y allí estabamos todos los invitados al milagro, respirando una atmósfera de amor, de fe.
   Y finalmente amaneció, y ese nuevo día contaba con un nuevo ser... y todos reímos y nos emocionamos y nuestras voces se quebraron, porque Josefina fue Bienvenida, porque Josefina pudo tener su Bien Venida...
   






domingo, 1 de julio de 2012

Parir en casa con parteras, una elección, un derecho... hoy, una lucha



 

Nuevamente nuestro derecho a elegir un parto planificado con parteras en domicilio se ve amenazado. El proyecto de ley que el año pasado modificaba las incumbencias de la actividad laborar de las licenciadas obstétricas (parteras) relegándolas sólo al ámbito institucional, había perdido estado parlamentario. Pero este año han arremetido, se ha presentado nuevamente y ya tiene media sanción. La situación es negativa, los factores son múltiples: la diputada y DOCTORA Chieno a quien nos dirigimos el año pasado solicitando que recapacite y deje de impulsar la ley, no sólo desoyó nuestro pedido si no que ha vuelto a la carga ahora disfrutando del título de Presidenta de la Comisión de Salud de Diputados, asimismo Ana Speranza, Jefa de Maternidad e Infancia no apoya el parto domiciliario, desde el Ministerio de Salud andan con ganas de bajar los índices de mortalidad materno-infantil y en base a prejuicios y desinformación (no poseen estadísticas a nivel nacional de partos PLANIFICADOS domiciliarios asistidos por parteras), el borrar del mapa el parto en casa puede hacer quedar bien. Por otro lado, al iniciarse este proyecto el parto en casa se encontraba contemplado, pero con el correr del tiempo y las modificaciones quedó excluido, las futuras destinatarias de la ley, es decir las obstétricas representadas por la Asociación Obstétrica Argentina, no ofrecieron resistencia (y aún no lo hacen y siguen apoyando y festejando la ley) ya que la mayoría se desempeña en el ámbito de salud privado y/o público. Aquellas parteras que se dedicaban a ejercer su trabajo en el ámbito hogareño debieron conformar su propia entidad (AAPI) para garantizar la defensa del ejercicio de su profesión en el hogar. Luego quedan los políticos, a quien el tema no los desvela.

   La seguridad del parto domiciliario planificado asistido por parteras está comprobado, hay informes a nivel mundial y el año pasado la Asociación Argentina de Parteras Independientes con mucho esfuerzo ha realizado la primer estadística a nivel nacional, arrojando resultados que avalan la práctica.

   Si esta ley se aprueba, las parteras independientes no podrán asistirnos en nuestros hogares a aquellas mujeres sanas con embarazos de bajo riesgo que elijamos esta forma de parir. Nos quedará como última instancia buscar la asistencia de obstetras que trabajen con esta visión del parto, los cuales son pocos o nulos... por lo cual el parto en casa está en VIAS DE EXTINCION.

   No sólo nos quedaremos sin poder parir en nuestras casas, si no que nos quedaremos sin la posibilidad de ser atendidas de forma integral, nos quedaremos sin poder recibir cuidados y tratamientos de las medicinas alternativas, nos quedaremos sin nuestras GUARDIANAS DEL PARTO.



Intentando impedir que esto siga adelante desde la Asociación Argentina de Parteras Independientes invita a participar de:


CAMPAÑA “SOBRES DE COLORES” para nuestros DIPUTADOS, por el DERECHO A ELEGIR “CÓMO, DÓNDE Y CON QUIEN PARIR”.

Les comunicamos que el día JUEVES 5 DE JULIO habrá una movilización convocada por la Asociación Argentina de Parteras Independientes en Riobamba y Rivadavia, a partir de las 9hs. Allí se entregarán “sobres de colores” destinados a los Diputados de la Comisión de Legislación General. Porque no nos dan lugar para expresarnos y porque no tenemos otra manera de llegar a los legisladores que están tratando un proyecto de ley que modifica nuestras incumbencias; para reclamar por la conservación del derecho de las parteras de atender legalmente partos en domicilio.

FAMILIAS y PARTERAS nos daremos cita en la oficina administrativa de la Comisión de Legislación General con el lema: “SEA DONDE SEA, QUE HAYA UNA PARTERA” para reclamar por sus derechos sexuales y reproductivos respecto del parto- elegir donde parir (hospitales, casas de parto y parto en domicilio) y ser asistidas por médicos o por parteras.

En Argentina, el parto en casa muestra una tendencia en aumento. En los últimos años se incrementó en un 40 %. Aunque solo represente el 1% del total de nacimientos del país, en los últimos 30 años se estima que más de 10.000 niños han nacido fuera del hospital POR ELECCION DE LOS PADRES. Sin embargo aún sigue siendo una práctica muy controvertida y nuestros representantes votan sobre la base de prejuicios sociales y culturales, muchas veces sin información o con información sesgada. Sabemos que representamos a la minoría, pero como tal tenemos derechos que DEBEMOS HACER VALER.

POR EL DERECHO DE LAS MUJERES A ELEGIR QUIEN LAS ASISTE Y POR EL DERECHO DE LAS PARTERAS A EJERCER EN TODOS LOS ÁMBITOS, los invitamos a que cubran la movilización del día de la fecha.

Cordialmente,

COMISION DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN ARGENTINA DE PARTERAS INDEPENDIENTES,
trabajando con la RELACAHUPAN, familias y grupos de FB afines
CONTACTOS:(011) 4795-9214 (hasta las 13 hs)
celular (011) 15 5 489-1649  //   (011) 15 5 494- 7442 // (011) 15 3 322-3147 // (011) 15 3 645-7070 // parterasindependientes@gmail.com




Difundamos, participemos, reclamemos, si se concreta, si lamentablemente nuestros esfuerzos no fueran suficientes asegurémonos de haber hecho TODO lo que estaba a nuestro alcance.

SUMATE FIRMA EL PETITORIO ONLINE 
SI NO LO HICISTE, HACELO
SI YA FIRMASTE, DIFUNDÍ


   

sábado, 15 de octubre de 2011

Yo elijo dónde, cómo y con quién parir

Me sumo a la iniciativa de Deseo Primal!
Agradecemos a Sonia Cavia por permitirnos utilizar esta imagen.
"Yo elijo Dónde, Cómo y Con Quién parir", es una red que tejemos hombres y mujeres para manifestar nuestro desacuerdo con la iniciativa de prohibir que las parteras asistan partos domiciliarios planificados en Argentina. Es nuestra manera de dar voz y rostro a todos aquellos que deseamos elegir en libertad, a los que buscamos nacimientos distintos para nuestros hijos. Creemos que es urgente manifestarnos, exponer nuestras razones y contar nuestras historias.




A continuación comparto las palabras que le envié a la Diputada Chieno.

Sra. Diputada María Elena Petrona Chieno:


   Me comunico con usted luego de haber leído la respuesta a las misivas que ha recibido de varias madres y familias que han optado por parir en su casa.
   Me dirijo a usted señora, que “ha trabajado durante más de 30 años como médica en diferentes zonas del país”, que además de médica “tiene un postgrado en género y violencia familiar y ha defendido los derechos de las mujeres a ultranza”. Le cuento que mi nombre es Florencia Vicente, tengo 27 años, he estudiado dos carreras, me he enamorado, elegido a mi pareja, elegido el momento en el cual formar mi familia y he elegido para parir a mi hijo, que hoy tiene 9 meses, la opción del PARTO DOMICILIARIO ASISTIDO POR PARTERAS.
   Según usted, nos encontramos mal informadas sobre la posibilidad de que la opción    que nosotras elegimos para traer al mundo a nuestros hijos se encuentra en jaque, ya que en ningún párrafo del proyecto de Ley que regula la labor de las Licenciadas Obstétricas se prohíbe el Parto Domiciliario. Me gustaría que me explique cómo es esto posible, es decir de qué manera voy a poder elegir ser asistida en mi domicilio por Licenciadas Obstétricas si se limita el ámbito de acción de las mismas, a instituciones públicas o privadas.
  En su respuesta a las cartas enviadas, alega usted estar de acuerdo en que cada mujer tiene derecho a elegir dónde, cómo y con quién parir, pero la realidad, es que esto es así mientras que encuadre dentro de lo que a usted y a las, cito textual “muchas mujeres que me votaron y que hoy, como yo, creen que parir seguras tiene que ver con estar asistidas en una Institución y con los profesionales que correspondan”. Señora, el respeto de los derechos es algo que se aplica con totalidad, no es a medias, no es sólo para las que creen como usted, por lo tanto me gustaría que comparta su razonamiento de en qué forma según usted mi derecho de elegir DONDE: es decir en mi casa, COMO: en forma natural, sin intervenciones innecesarias y CON QUIEN: acompañada de mi partera, (profesional altamente capacitada para acompañarme), no sería cercenado.
   Además le solicito por favor, se explique sobre el siguiente párrafo de su autoría:

“Si las mujeres nos quejamos (yo me incluyo) de sufrir maltrato por parte de los profesionales que a diario resuelven problemas gravísimos y salvan la vida de muchas mujeres y de muchos niños, aclaro que yo también he visto maltrato por parte de Parteras, ¿por qué no trabajamos para asegurar a la mujer un parto humanizado, en el que se respeten sus derechos y no se la “sobrepreste” ya sea por apuro o por exceso de pacientes o por falta de camas, etc? aseguremos que la formación académica de todos los profesionales de la salud también esté matizada de valores, respeto, ternura y contención; así me he comportado durante mis años de ejercicio de la medicina y mis pacientes pueden dar fe de lo que digo.”

  Dígame, ¿cómo favorecemos hoy, un parto humanizado, evitando que  se violen los derechos de la mujer y del niño por apuro o por exceso de pacientes o por falta de camas, cuando se elimina una de las pocas alternativas que tenemos, como es el parto domiciliario planificado, para no ser víctimas de tales abusos? ¿Cómo evitamos estos atropellos si el Ministerio de Salud está trabajando para que sólo se asista partos en los Centros de Salud, públicos o privados? Sra. Chieno es acaso que no ve que la SOLUCION que propone es la CAUSA del problema? Usted misma en su declaración lo afirma!
   No me resultan menos alarmantes sus palabras al referirse al maltrato sufrido por tantas mujeres, de los cuales usted asegura ser una (lo cual lamento, más si procedieron de una partera, lo que demuestra cómo se desvirtúa el arte de la partería en pos de adecuarse al modelo médico-institucional). Cuando dice que las mujeres “nos quejamos” de la violencia obstétrica que proviene de los profesionales, a los que raudamente revaloriza recordándonos que “a diario resuelven problemas gravísimos y salvan la vida de muchas mujeres y de muchos niños”… ¿es acaso el maltrato el precio que tenemos que pagar por el cuidado de nuestra salud y nuestra vida?
   Por último, le comparto las razones por las que he elegido esta modalidad para parir, aunque seguramente no sean valederas dentro de sus parámetros para parir, como usted dice “segura”: quise que durante mi embarazo la persona que me acompañe me respondiera todas las preguntas, que me conociera y desarrollara una relación conmigo, quise que se respetara el tiempo natural de mi trabajo de parto, que se respetara mi cuerpo y el de mi hijo, quise poder moverme a gusto y elegir la posición que me resultara más efectiva para la expulsión, quise poder alimentarme e hidratarme durante el trabajo de parto, quise estar en penumbras, en silencio, sólo acompañada por mi pareja y mi partera, quise que me asistiera personal médico sólo si el caso lo requería, que mi hijo no fuera sometido a prácticas innecesarias,  que no lo separen de mi y que lo primero que conozca fuera mi pecho. Quise APROPIARME de mi parto. Y en el futuro volveré a elegir PARIR CON PARTERAS, porque ya sé lo que es PARIR EN LIBERTAD, es parir SIN MIEDO… y eso cuando uno lo conquista NO SE LO QUITA NADIE.
   Antes de decir NO al parto institucionalizado, leí, me informé, aprendí. Antes de decirle NO al PARTO PLANIFICADO EN DOMICILIO ASISTIDO POR PARTERAS, le pido encarecidamente Diputada Chieno, que usted HAGA LO MISMO.


Me despido de usted.
Atentamente
Florencia Vicente


jueves, 22 de septiembre de 2011

Lo que impulsa...

   Es una llamita, un pequeño fuego, que se aviva, que se agranda, que se enriquece y se expande, es energía, es acción, es amor, es el deseo PROFUNDO, SINCERO de que todas las madres puedan elegir cómo, dónde y con quién parir.
   Dos madres que así lo hemos hecho, no juntamos, creamos y compartimos con el mundo este video, para sumar voluntades, para crear conciencia, para que toda mujer que así lo quiera pueda ser cuidada y asistida por mujeres como la que nos ha acompañado en nuestro parto.
  
Disfrutalo haciendo clic aquí: La DECISION es PERSONAL, el DERECHO a ELEGIR es de TODAS

                Sumate al petitorio: http://www.peticiones24.com/porelderechoaelegirelparto
                                         Ayudanos a difundir

Gracias Meli (Biencriando) compañera puerperal rebelde... porque 2 cerebros puérperos pueden más que uno!

domingo, 18 de septiembre de 2011

La decisión es personal, el derecho a elegir es de TODAS


    Como muchas ya saben, la primera GRAN decisión como padres para nosotros, fue elegir cómo, dónde y con quién sería nuestro parto. Fue un largo camino, una búsqueda, un aprendizaje. Encontramos la respuesta en los ojos de mi partera, en sus palabras sabias, en su fe en la naturaleza y la mujer, en sus manos suaves, en su sutileza, en su empatía, allí encontramos la alegría del parir. Y la angustia dio paso a la emoción, y el miedo se fue esfumando y aparecía la toma de decisión. Esta experiencia nos ha marcado como padres, fue el pintapié inicial, abrimos el juego y este fue nuestro modo, poniéndole fichas a la idea del parto como suceso natural y fisiológico. Nos dejó marca, más no cicatriz, porque quedó marcado en nuestros corazones cómo serían las premisas de nuestro rumbo como padres.
   Hoy en la Argentina, la posibilidad de elegir este tipo de partos está en peligro, y es por ello que se ha comenzado una campaña de recolección de firmas, para hacer oir nuestra voz, para que PARIR EN CASA CON PARTERAS siga siendo una opción de parto.
   Les pido, mamás blogueras que se sumen en esta movilización, más allá de lo que cada una prefiera, porque lo imponte aquí es tener en cuenta que:

La decisión es personal, el derecho a elegir es de TODAS


             http://www.peticiones24.com/porelderechoaelegirelparto

domingo, 7 de agosto de 2011

Bebes de mi... segunda parte

   Como conté en la anterior entrada, dividí mi experiencia de lactancia en dos partes. La primer parte la narré hace tiempo, cuando Luca tenía tres meses. Ya nos habíamos establecido, habíamos aprendido y nos acoplábamos perfectamente. Nos disfrutamos mutuamente. Alrededor del 4to mes, comencé a sentir unas molestias durante las tomas, leves, a las cuales no les presté demasiada atención y aposté a que se irían. Consulté con las mamás de mi grupo de puérperas, si habían sentido algo similar, me contaron que no. Los dolores se comenzaron a intensificar, era en el pezón y luego de cada toma, persistía hasta pasado un rato. Comencé a buscar ayuda: escribí y llamé a Fundalam, La liga de la Leche, consulté con el pediatra de Luca y con la puericultora a la que había acudido anteriormente. La mayoría conincidía en que podría tratarse de micosis, es decir, hongos. Me explicaron que esto podía ser común, y me recomendaron que antes y después de cada toma, me limpiara con agua con bicarbonato o con vinagre de alcohol. Lo que no cerraba mucho, es que si fueran hongos, Luca tendría que tener también y NO los tenía.
   El dolor era cada vez más fuerte, por momentos, se me hacía muy pero muy dificil darle el pecho.
Llevé a cabo las recomendaciones que me dieron, pero no daban resultado. Comencé a angustiarme mucho, a temer que nuestra lactancia estuviera en jaque otra vez y como el tratamiento que me habían dado no funcionaba, estabamos sin saber QUÉ era lo que pasaba. Y sentí como si de pronto todos comenzaran a mirarme a mi, a dudar de mis ganas de amamantar a Luca. Dolor físico y angustia emocional.
Y un día la llamé a Marina, mi partera. Y me invitó a su nueva casita y me dijo: "Venite y charlamos así de paso te miro si tenés alguna grietita o algo". Y fuimos. Y otra vez el calor de hogar, y esa sensación de estar acompañada, me inundaron recuerdos de mi embarazo y su voz me llevó hacia mi parto y mateamos y nos reimos y hablamos. Y me revisó, tenía una pequeña grietita en un pezón, teniendolo a upa a Luca le miró la boca y me dijo que le parecía que Luca podía a estar cortando algún diente. Lo vio tomar la teta y me recomendó estar atenta a la postura de los labios, me prestó un libro y un almohadón de lactancia mucho más cómodo que el mío. Y nos volvimos a casa... no habíamos encontrado la solución exacta pero yo ya me sentía de otra manera. Cuando llegué a casa, me acordé de una foto que le había sacado a Luca en la semana, donde se estaba riendo. Fui enseguida a la compu y la busqué y busqué otra, de un tiempo atrás... y esto es lo que vi:

   Luca estaba cortando sus primeros dientes!!! Felicidad, alivio, muchas emociones juntas. Ahora sabía qué pasaba!!! Y la angustia... se fue.
   Sus dientes aparecieron semanas después y volvimos a nuestro cauce otra vez. A disfrutar a pleno, con cuerpo y alma.
Ya estamos en los siete meses y medio de lactancia exclusiva, Luca volvió a cortar dientes otra vez. Esta vez de arriba, primero los dos incisivos y ahora las paletas. Es un proceso dificil para los dos, pero le ponemos garra. En fin, esta hasta el día de hoy es nuestra experiencia de lactancia. Siempre estuve de acuerdo con la lactancia materna, por sus beneficios, por ser lo natural. Pero dar el pecho a Luca, es una experiencia maravillosa para mi, llena de amor, de paz, de conexión, estas son las verdaderas razones que me impulsaron a seguir adelante y lograrlo una vez más.       

miércoles, 3 de agosto de 2011

Bebes de Mi...

Continuamos con la Semana Mundial de la Lactancia y aquí voy a dejar mi relatada mi experiencia. Creo que hasta ahora, será el más dificil de compartir. Es que no se si podré trasmitir correctamente mis sentimientos y mis sensaciones. No se si seré clara y precisa, y si del otro lado será fácil interpretar mi mensaje. Por lo pronto, les cuento que dividiré el relato en dos entradas, la primera, la tengo ya redactada desde hace un tiempo, a pedido de mi amiga Pao de creciendo juntas, para una conocida que estaba pasando una situación similar. La segunda parte, será lo vivido estos últimos meses.


Quisiera hacer una advertencia, si hay alguna futura mamá que vaya a leer este relato, quiero decirle: estos inconvenientes me sucedieron A MI, no quiere decir que también te sucedan A VOS, pero si llega a ser así, YO pude superarlos, VOS también podrás.


Ahora si, aquí va la primera parte:


Mi experiencia con la teta.

   Nunca lo imaginé, ni lo vi venir, para mi era tan simple y natural, era como uno más uno es dos. El bebé nace con reflejo de succión y nosotras, las mujeres con pechos que se llenan de leche.
   El parto fue todo lo esperado y más, una experiencia ansiada y transitada con felicidad. Luca nació el 23 de diciembre a las 19.45, pesaba 3.900 kg. Recuerdo la sensación cuando las parteras inmediatamente de la expulsión me lo entregaron… era pesado!!! Todos mis dolores y molestias se esfumaron. Las primeras dos horas Luca estuvo alerta, mirándolo todo y nosotros disfrutando de él. Enseguida lo puse a la teta, una de las ventajas del parto que elegí (domiciliario) era poder tener contacto inmediato que yo sabía favorecía el apego y la lactancia. Hizo unas succiones, lloró un rato y se quedó dormido. Recuerdo que esa noche eso se repitió varias veces, algunas succiones, llanto, sueño. Pero el llanto cada vez se iba haciendo más intenso y no tomaba el pezón. Fue una noche larga, pero estábamos felices y yo pensaba que ya se iba a agarrar, que esto también era un aprendizaje para los dos. Así también pasó el primer día. Al segundo día, llega mi partera y al realizar el control nota que había descendido de peso, pero no más de lo que se espera. Todavía no se prendía bien al pecho. Yo comenzaba a perderme un poco. Tenía calostro, pero al ponerlo al pecho Luca no se prendía. Junto con ella realizamos varios intentos, logramos que tenga una mamada con varias succiones. La consigna era lograr mamadas de ese estilo. Con el correr del día no lo pude lograr otra vez, Luca empieza a quedarse dormido cuando lo ponía a la teta. Me pareció raro. Llamé a partera, me recomienda que lo mantenga despierto, que lo despabile con pañitos con agua (hacía mucho mucho calor). Esto funcionó un par de veces. El día iba terminando y Luca tenía un sueño cada vez más profundo, no se despertaba para pedir teta. La partera me recomienda consultar con un pediatra por posible hipoglucemia (falta de azúcar en sangre). Consultamos por teléfono dos pediatras (ya que un bebé recién nacido en una guardia acarrea cierto riesgo), que por ser fin de semana largo no se encontraban en capital, uno me dice darle agua con azúcar, otro leche de fórmula. Ya mi angustia iba en aumento. Me decidí por el azúcar, porque sabía que la leche de fórmula es mucho más difícil de digerir que la materna y por todas las consecuencias que pueden acarrear en el organismo. Cada tres horas teníamos que darle agua azucarada para despertarlo e intentar darle la teta. Al principio logramos algunos resultados, pero con el correr de la noche, Luca no se despierta, le hablaba, lo movía, lo mojaba y no pasaba nada. A las cuatro de la mañana hablo nuevamente con mi partera y nos decidimos ir a la guardia. Yo todavía con el cuerpo dolorido y cansado por el parto, junto a mi mamá y mi pareja, llevamos a Luca a la guardia de neonatología. Después de una espera prolongada, nos atienden, les cuento la situación y les comento mi preocupación por la hipoglucemia, de primera me dicen que para ellos no era este el caso, que Luca tenía buen color y varios signos que contradecían la falta de azúcar, pero igualmente le harían un análisis de sangre y orina (nunca logramos juntar la orina, es una odisea, hay que ponerle una bolsita en los genitales y esperar que haga pis y no se salga), luego de unas horas tenemos el análisis. Mientras tanto yo, con Luca, esperando en la neo, entre las máquinas e incubadoras. Me sugieren darle el pecho para ver como lo hacía. Me dicen que tengo mucho calostro y los pezones bien formados. En esta ocasión Luca se pone a llorar. Me dan una mamadera con fórmula para ver si la toma, si no hay problema en la succión… no lo hay, se la toma de una. Me dicen que las causas de que no se prenda podían ser que sea "vago" o que tuviera el frenillo corto (causas que luego fueron descartadas por otros profesionales) y me recomiendan usar pezoneras, que las vaya a comprar y ellos me enseñarían a usarlas. Así fue, con las pezoneras Luca tiene su primera mamada de 20 minutos. Yo, agotada, casadísima, estresada pero feliz, había ALGO que me permitía darle la teta a mi hijo. Buenísimo.  Al principio Luca tomaba solo de una teta, al otro día ya tomaba de las dos. Pero al finalizar esa semana, Luca había descendido mucho de peso, más de lo esperable, seguía teniendo un sueño muy profundo, sin despertarse para comer y nuevamente mi partera nos brinda apoyo y asesoramiento y nos contacta con el que hoy es nuestro pediatra. Era 31 de diciembre y vino a verlo a casa. Yo estaba exhausta, angustiadísima, con mucho miedo, sin saber que iba a pasar, si irremediablemente tendría que renunciar a darle la teta a mi bebé. El pediatra, me pide que le cuente qué estaba pasando, lo revisa, y nos dice que nos habíamos equivocado con la cantidad de agua azucarada (nosotros solo le dábamos unas gotas en gotero). Esta vez tendría que darle la teta (con la pezonera) y luego darle 20 mm de agua azucarada, así durante una semana. A mediados de la semana Luca ya comenzaba despertarse más seguido y en el control vemos que había subido 40 gr, íbamos por buen camino. Al final de la semana el pediatra lo vuelve a ver y a corroborar que estábamos mejorando. Me recomienda una puericultora, ya que si bien las pezoneras hicieron que Luca tomara la teta, no eran para utilizarlas SIEMPRE, sino para salir de situaciones temporales como ésta o una mastitis o grietas en el pezón. ¡¡¡Ya nos estábamos acomodando y ahora tenía que dejar eso que me permitía dar la teta!!! A eso, sumarle que Luca debía recuperar el peso de nacimiento. Mucha tensión y angustia. Y los comentarios negativos a la orden del día, que mi leche no era buena, o suficiente, que con el calor se podía deshidratar, que se iba a terminar desnutriendo, que esto, que lo otro. Y yo, con miedo, ¿que hago? ¿Estoy poniendo en peligro a mi bebé por mi propio deseo de amamantar? O estoy luchando por darle lo mejor?. La puericultora que consultamos, no dio en el clavo, me siguió dando más indicaciones y la lista se hacía eterna, que darle la teta antes de las tres horas, despertarlo aunque esté dormido (esto costaba mucho), que no llore porque quema calorías, que no le de chupete porque también quema calorías, que las pezoneras se tendrían que ir yendo (cómo no se, pero se las tenía que sacar), que me sacara leche para reemplazar el agua azucarada (esto fue totalmente infructuoso, tuve que probar con 3 sacaleches para que saliera algo, y eso lo único que hacía era ponerme más presión, miraba lo poquito que salía y me largaba a llorar). Hasta que hablé con mi partera, que me dijo dos cosas, la primera que haga una consulta con otra puericultora, que la había tratado a ella misma, que contemplaba todos los aspectos de la lactancia y de dar la teta, porque para dar la teta hay que estar sostenida, relajada y dejarse llevar. Segundo que tal vez lo que necesitaba era “mandar todo al carajo”. Dejar de lado instrucciones, reglas, relojes, mamaderas, sacaleches, goteros y la mar en coche. Poner a Luca a la teta y relajarme.
   Con un poco de miedo probé estas dos cosas, dejé de intentar sacarme leche, consulté con la nueva puericultora, estuve en su casa, hablando por 3 horas, llorando, desahogándome, diciéndole que  tenía miedo, que sentía culpa porque tal vez yo estuviera trabándolo todo. Ella me contuvo, me dio esperanza, me dijo que dejara de pensar en lo que pasó, que iba a poder, me dijo cosas que ya sabía, como que “TODAS LAS MUJERES PUEDEN DAR LA TETA”. Me dijo que de todo lo que nos pasa podemos aprender, que a esta situación yo podría transformarla en algo positivo y una de las cosas que me ayudaron era entender qué le estaba pasando a Luca y porqué tomaba con pezonera y no directamente de mi pecho: la respuesta era más que simple, Luca asociaba la pezonera al alimento, cuando el tenía hambre  si yo lo ponía a la teta directamente, para él de allí no saldría la leche que lo calmaría, su asociación era PEZONERA = LECHE. Tendríamos que cambiar esto, para ello me dijo que comience las mamadas con la pezonera, pero que luego la saque y presione el pecho, que salga leche y que su boca esté en contacto con el pezón y la leche, que haga esto varias veces, que si se ponía a llorar que vuelva a darle con la pezonera y luego vuelva a intentar. Otra opción era, sacarme un poquito de leche antes, y que mi pareja con un gotero se la fuera tirando cuando el tuviera su boca en contacto con mi pezón.
   Al día siguiente empecé a intentarlo, a la segunda mamada ya tomaba un ratito sin pezonera. Yo no lo podía creer. En una semana y pico ya le estaba dando una vez con pezonera y otra sin, al tiempito las pezoneras quedaban en la mesita de luz. Hoy Luca tiene tres meses y es un bebé sano y creo también muy feliz.
    Después de esta experiencia, de la que aprendí mucho, de alguna manera entendí a las mujeres que atraviesan por dificultades en la lactancia y deciden iniciar la alimentación de sus bebés con leches de fórmula. Hay mucha angustia, mucho miedo, tristeza, y uno quiere que se termine YA. Yo también deseaba eso, que todo pasara, pero tuve que ser fuerte y paciente y tener fe, confianza en la naturaleza, en mí y sobre todo en Luca.
   Si tu deseo de corazón es darle la teta a tu bebé, no bajes los brazos, no te rindas, rodeate de personas que te apoyen, de profesionales que te respeten, pedile sostén a tu pareja y hablale a tu bebé. Yo se que se puede. YO PUDE, Él PUDO.
   Te deseo mucha suerte y sea cual sea el camino que tomes, que sea con plena felicidad para vos y tu peque.     
                                                                              Flor y Luca



Dormido plácidamente por primera vez después de una toma.
Se puede ver la pezonera y al costadito, el agua con azúcar.
Quise registrar este momento, sabía que era especial, era el primer pasito firme en nuestro camino con la teta.








sábado, 30 de julio de 2011

Pensar el parto

El parto es un momento fundamental y fundacional de la familia. Poco se sabe y muchas veces poco se quiere saber sobre él. En el imaginario de la mayoría el parto siempre está relacionado al sufrimiento, con esa idea, es bastante lógico que se quiera tomar distancia de este hecho. Las preguntas que más escuché tienen que ver con el dolor y la duración. Desde mi experiencia me cuesta contestarlas, no sólo porque los umbrales de dolor son distintos en cada ser humano, sino por el significado que tenga ese dolor para cada uno.
Creo que el embarazo no se trata simplemente del período donde el cuerpo se transforma y modifica para nutrir y albergar a nuestros hijos, es el tiempo que la naturaleza nos da para comenzar una búsqueda, la búsqueda de ese instinto visceral que TODAS tenemos. Son 40 semanas (algunas más, algunas menos) para maravillarnos con los cambios de nuestro organismo, que nos van contando ese secreto que en la actualidad está acallado por tantos. El secreto es que nosotras podemos. Nosotras sabemos. Nosotras, desde lo cuantitativo necesitamos muy poquito para parir: un ambiente seguro, una persona que tenga conocimientos y la persona que nos ama al lado. Desde lo cualitativo necesitamos mucho: que el ambiente seguro sea cálido, confortable, adecuado a las necesidades de la mujer, que esa persona con conocimientos tenga actitud de compañía y no de mando, y que nuestro ser amado esté emocionalmente disponible para atravesar el momento. Es poco y es mucho. Y en la actualidad debe parecer tanto que son pocas tirando a nulas las posibilidades de contar con ello en una institución médica.
Yo no tenía conocimientos del parto en casa, yo no sabía demasiado sobre los procedimientos innecesarios de rutina a los que se somete a la mujer y al niño recién nacido en los partos institucionales, yo sospechaba sobre las cesáreas, pero no imaginaba la magnitud de su aplicación sin ton ni son y las consecuencias nefastas que pueden llegar a acarrear en el cuerpo y el alma de una mujer y su bebé cuando este procedimiento es totalmente injustificado. Yo no lo sabía, pero ahora lo se. Lo se porque no me conformé, porque por un rato salí del ensueño del embarazo y me enfrenté a mis miedos y porque buscando encontré. Encontré a mi partera, que me entregó la batuta, me hizo saber que YA era momento de tomar decisiones, que mi función de madre YA se había activado.
Aprendí sobre mi cuerpo, sobre los mecanismos perfectos que pone en marcha, revisé mi historia personal, fui en contra de la corriente: PENSE MI PARTO.
Mi partera me devolvió algo que se me estaba negando, me devolvió mi parto... pero porque yo se lo fui a pedir.
Pensar el parto en sí mismo es como un tira y afloje. Por un lado nos interiorizamos en cuanto a sus etapas, podemos preparar nuestros cuerpos practicando alguna actividad, preparamos nuestras casas (si es que elegimos que allí se desarrolle), tratamos de tener todo listo, y por otro lado es necesario dejar fluir, asumir que no todo puede controlarse, que no podemos predecir algo que es impredecible. Cuando yo logré este equilibrio entre estas dos actitudes, pude parir. Fue pensar el parto, para no pensar "durante" el parto.
"¿Sufriste mucho?" me preguntan. No, no sufrí, sí, sentí dolor, pero no sufrí el dolor. Porque fue un dolor que se incrementaba escalonadamente, porque sabía que ese dolor se correspondía a determinado proceso que se estaba llevando a cabo en mi interior y porque en algún momento iba a finalizar ("Todo lo que empieza tiene que terminar" me repetía para mis adentros, parecía La Pitonisa, de Matrix jajaja) y porque ese dolor es el que me traía a mi niño. Generalmente las cosas hermosas de la vida, no nos caen del cielo (o al menos a mi) sino que hay que poner algo de uno... y este iba a ser mi mayor esfuerzo, por mi, para cuidarme y respetarme y para él para que desde el primer latido de su corazón fuera de mi vientre se sienta cuidado, respetado y amado.

viernes, 29 de julio de 2011

Para empezar... mejor por el principio!

Me dispongo a explayarme, en mi primera entrada... ta tan ta taaaaan! Como ya conté por algún otro lado, soy Flor, mamá de Luca de 7 meses, tengo 27 años y estoy nadando en un mar de hormonas puerperales. Haciendo honor al momento mágico y caótico que estoy viviendo, voy a redactar el día en que empezó, es decir, mi parto respetado, mi parto tan amado. Aquí va!


   Luca ya tiene siete meses. Han pasado siete meses desde aquel 23 de diciembre en el que nació y a medida que nos vamos alejando de ese día lo voy recordando aún más.
   Fue el 9 de abril del 2010, por la tarde, cuando esas dos rayitas aparecieron y nos confirmaron lo que veníamos deseando: nuestro primer hijo ya estaba en camino. La alegría, la sorpresa y la emoción nos mantuvo durante cinco minutos diciendo: “¡¿Y ahora qué hacemos?!”, “¡No sé!”, contestaba yo. Una vez que pudimos avivarnos un poco del aturdimiento (nunca fue del todo, maravillosamente aún no lo es), pasamos al siguiente paso lógico (después constataría yo que no lo es tanto) y sacamos turno con un obstetra.
   Primera consulta, toma de datos, confección de fichita, órdenes para estudios, te veo la próxima. No me cerró. ¿No hay nada más para decir? ¿Alguna recomendación? ¿Nada de nada? Segundo obstetra, ídem anterior, pero un poco (solo un poco) más cálido. Con él transcurren algunos meses, pero con el correr del tiempo, me doy cuenta que no sabía mi nombre, que las consultas solo se limitaban a ver resultados de estudios y hacer órdenes para los del mes siguientes (luego me enteré que algunos de ellos eran optativos). Angustia. Luego de cada control, angustia. “¿Voy a confiar en esta persona para vivir uno de los momentos más importantes de mi vida?”. Poco entusiasmo con el parto, ganas de que no llegue, temor. ¿Temor a qué? Si se supone que la seguridad está AHÍ. La cosa seguía sin cerrarme.
   Llegué a Marina alrededor del 5to. mes de embarazo. Recuerdo que fueron dos cosas puntuales las que iniciaron la búsqueda que me llevó a ella (aunque claro, yo todavía no sabía que la había iniciado). Por un lado el trato frío, impersonal, breve de los obstetras. Por el otro, algo que me llamaba poderosamente la atención: la episiotomía.  Pensaba: ¿Cómo puede ser que el cuerpo de la mujer se adapte durante 9 meses al crecimiento de otro ser en su interior y sea necesaria una intervención como la episiotomía para que ese ser pueda salir? Yo estaba viviendo el cambio día a día, observando a mi cuerpo modificarse para contener, alimentar y proteger a mi bebé, cómo podía ser que no esté listo para dejarlo salir sin que lo tengan que cortar?. Y que esto sea así en TODAS las mujeres. No. Yo quería probar si podía, si podía sin la episiotomía, si podía sin la anestesia, porque cómo dar por sentado que era necesaria si nunca había parido, si no conocía mi umbral de dolor. Bueno, ya iba teniendo en claro esas cosas, lo que NO quería, pero el obstetra… ¿lo respetaría? Empecé a leer en Internet, sobre el parto respetado, el parto humanizado, sobre el respeto de los cuerpos, de los tiempos, sobre el parto como proceso vital y no patológico… y debo decir… me entusiasmé. Tiré del ovillo y este se empezó a desarmar ante mis ojos. Peridural, oxitocina artificial, posición de litotomía. Una cosa le sucedía a la otra y del otro lado de la balanza: parto respetado, parto humanizado, parto… en casa. ¡Clic! ¡Clic! ¡Clic! Casi pude oír conectarse mi mente, con mi cuerpo, con mi corazón. ¡Sí! Eso es lo que busco, eso es lo que SIENTO correcto PARA MI, sólo que no sabía que era posible, que existía.
   Y llegué a la página de Marina y me enamoré de las fotos (me gusta mucho la fotografía) y vi calidez y vi simpleza.
   Había descubierto otra posibilidad, pero sabía que no estaba sola en todo esto, también estaba mi compañero, Andrés. Nerviosa, al volver del trabajo, en la cocina, poco a poco le fui contando mi descubrimiento, rogando por dentro que estuviera abierto por lo menos a la posibilidad de informarnos. Me sorprendió (aunque en realidad no se por qué tanto, ya que es un gran compañero) y me dejó pasmada cuando me respondió: “El parto va a ser como vos necesites que sea… y yo te voy a acompañar”. ¡Qué felicidad saber que ya lo tenía a bordo de este viaje!
   Me puse en contacto con Marina, escribiendo un mail, contando nuestra situación. Al poco tiempo recibimos su respuesta y concertamos nuestro primer encuentro en su casa. Calidez, mates, Ulises (su bebé) entre nosotros, charla, deshago, preguntas, dudas, expectativas, deseos, todo eso en 3 horas increíbles. Antes de irnos “vamos a escuchar a Luca”, lo escuchamos todos y nos enseñó cual era el latido de su corazón y cual el del cordón umbilical. Esa es una de las cosas que más me gustan de mi partera (si, el verbo en tiempo Presente, porque así la siento) la generosidad de compartir su conocimiento (más adelante le enseñaría a Andrés a buscar a Luca en la panza y a saber en qué posición se encontraba). Nos fuimos con material para leer. Y yo estaba… ¡CONTENTA!
   Así fueron sucediendo los encuentros y los meses y transformé y resignifiqué la idea de “dolor”. Me dí cuenta que mis miedos tenían que ver con no ser respetada ni acompañada como yo necesitaba. En cada uno de nuestros encuentros pude hablar, preguntar, pensar nuestro parto. Marina nos proporcionó mucho material de lectura interesantísimo, como así también videos y documentales. Empezaron a circular por mis manos Michel Odent, Ina May Gaskin, Frederick Leboyer, Laura Gutman. También fui leyendo testimonios de otras mamás, experiencias, relatos. Las semanas pasaban y la fecha probable de parto se acercaba: 14 de diciembre, nos dijeron Marina y Olga “15 días antes o 15 días después”. Yo trabajé hasta la semana 36.
   Pasó la fecha, todos se empezaban a poner ansiosos y el “¿Y… para cuando?” era la pregunta que respondía más a menudo.
   Yo estaba tranquila, sin nervios pero expectante. Habíamos preparado todo lo que necesitábamos en casa. Solo quedaba esperar. Y esperamos. Pero cada día que pasaba se acercaba a otra fecha, a la fecha límite. Recuerdo la última reunión con Marina en donde acordamos que si no pasaba nada durante esa semana, el próximo lunes 27 a las 8:00 de la mañana debería estar en la clínica para la inducción con nuestro obstetra de apoyo. ESO SI ME DABA MIEDO. Empecé a sentirme cada vez más ansiosa, temerosa de que las cosas no fueran como lo habíamos deseado, planificado. Tuve que trabajar esos sentimientos y dejar que todo fluya y que sea lo que sea.
   Marina nos había confeccionado un plan de medidas naturales de inducción que progresivamente día a día se irían sumando una a otra: homeopatía, te de hojas de frambuesa, caminatas de 25 minutos, hacer el amor, ir a una pileta y estar en el agua, etc. Como último recurso estaría la posibilidad de romper la bolsa. Pero… no fue necesario tanto, porque en la noche del tercer día de comenzar con todas estas “ayuditas” llegaron las contracciones. En un principio no estaba segura de que lo fueran, ya que sólo una parte de la panza se ponía dura (la consigna generalmente es que se ponga dura toda la panza). No sentía dolor, pero yo sabía que sería así, ya que había aprendido que la intensidad iría incrementando con el pasar del tiempo. Eran las 22:30 aproximadamente y con Andrés nos acostamos. Pude dormir, aunque cada tanto me despertaba entre contracción y contracción. Recuerdo que me concentraba en relajarme y respirar, sabía que el trabajo podría llegar a ser muy largo y no me quería cansar. Por la mañana la intensidad de las contracciones efectivamente había aumentado, junto con la frecuencia y duración, pero yo todavía estaba “acá”. Llamamos a Marina y le contamos. Quedamos en volvernos a llamar en un rato. Me recomendó que me diera un baño de inmersión y que descansara. Eso hice. Las contracciones subían en intensidad y al llamar a Marina decidió que ya era momento de que se sumaran al grupo.
    Cuando Marina llegó, después del mediodía, ahí sí que yo ya no estaba “acá”, estaba “allá”, en ese estado tan especial donde me sentí metida dentro mío, escuchando mis pensamientos, mi respiración. Yo conmigo misma. Sola pero no en soledad. Sentada en el borde de la cama, con los ojos cerrados, inspirando y expirando, recién después de un rato me percaté que Marina había llegado, ya que en silencio se arrodilló a uno de mis costados. Cuando abrí los ojos la vi y me sonrió y suavecito me dijo: “Vas bien diosa” y la vi contenta, entusiasmada. Marina me tuvo que tactar, para saber que efectivamente el trabajo de parto había comenzado y en qué punto estaba, ya que era necesario colocarme un antibiótico (sino este paso se hubiera obviado). Siempre con dulzura, siempre explicándome, me contó que ya tenía 5 cm de dilatación. ¡Era un muy buen augurio! Pero yo en mi interior no me quería aferrar a nada que me indicara una medida de tiempo, sabía que los trabajos de partos de primerizas son largos, y que aunque haya un buen progreso, el trabajo puede detenerse en cualquier punto (sobre todo por causas emocionales) y quedar ahí por horas. Entonces esto lo tomé con pinzas.
   Me bañé nuevamente. Cuando salía de mi ensimismamiento, le preguntaba a Andrés “¿Y vos…cómo estás?” (después nos reímos mucho de esto). Supongo que preguntaba porque no sabía como se veía todo desde afuera… yo estaba muy adentro mío.
   Al salir del baño, las contracciones más intensas. Recuerdo que fui nuevamente a mi bordecito de la cama, misma postura, ojos cerrados, respiración y sonidos que acompañaban el vaivén de mi cuerpo, que iba de derecha a izquierda y viceversa (era como si me acunara todo el tiempo, si me quedaba quita el dolor se sentía más). En un momento en chiste le dije a Andrés que me parecía a Ray Charles.
   Más intensidad, mayor duración y más frecuencia en las contracciones, y de repente ¡ganas de pujar! Y le dije a Marina, sorprendida porque no pensaba que tan pronto iba a estar pujando. Ella me contestó que haga lo que mi cuerpo me pedía. Me paré y comencé a pujar. La sensación es arrebatadora, todo el cuerpo pide pujar, es imposible resistirse. La posición que me resultaba más cómoda era sentada, probé caminar y otras posiciones (cuclillas, en cuatro, etc.) como me sugerían, pero si bien notaba muchos beneficios en el momento de pujar al tener tanta retención de líquido mis piernas me molestaban mucho. Iba cambiando, me abracé a Andrés y él me sostuvo, hasta que llegué al banquito de parto… ahí me quedé. Marina me contó que faltaba muy poquito para ver la cabecita, y me propuso tocarla pero dije que no. No porque me diera impresión, sino por lo mismo que no me aferré a los centímetros que había dilatado, no quería nada que me indicara un parámetro de duración. Al rato me lo volvieron a ofrecer, y lo pensé nuevamente y dije, que si, porque no me quería perder nada. Lo mismo pasó cuando se vió la cabecita, me ofrecían traerme un espejo y yo: “No”. Hasta que aflojé y dije si. Y lo vi.  Pero todavía faltaba y ya empezaba a sentir la sensación más complicada durante todo el parto: el ardor. Si, eso SI que fue difícil. Porque era mucho, porque era constante, porque parecía no terminar más, porque era un fuego. Y creo que ahí puse en cada pujo toda mi fuerza, porque necesitaba que ese ardor se aliviara. En un momento sentí un ¡tac! Supuse lo que era, pero no le di mayor atención, seguía pujando. Hacía rato mis sonidos se habían transformado en gritos, gritos que para mi sorpresa no eran de dolor, eran de fuerza, de potencia, de poder. Ese tipo de grito salvaje que antes de ser gritado por mi lo fue gritado por tantas otras mujeres. Y en un momento salió la cabecita, y Marina mientras me pedía que esperara a la próxima contracción para pujar desenredó las tres vueltas de cordón del cuellito, pero yo ya no podía detenerme, no podía contener esa fuerza arrolladora, y Luca…nació.
   Al segundo lo tuve en mis brazos y me sorprendí de su peso al recibirlo (3.900 Kg. luego lo supimos), lo miré, di la bienvenida. Andrés a mi lado. Éramos una familia.
   Marina me revisó y si, ese clic que sentí fue un pequeño desgarro, pero eso, yo ya lo sabía. Me realizó los pocos puntos necesarios. A partir de ese momento, mis ojos solo podían observar ese hermoso ser, mi atención estaba focalizada allí, era como una fuerza magnética, la atracción más poderosa que sentí jamás.
   A los pocos minutos nuevas contracciones y necesidad de pujar, pero esta vez, para expulsar ese órgano maravilloso llamado placenta, que nutría a mi pequeño. Yo no la vi, no podía, estaba hipnotizada por ese milagro perfecto en mis brazos.
    Una vez que el cordón umbilical dejó de latir, indicándonos que la placenta le había brindado su último esfuerzo y con ello valiosos nutrientes, Andrés lo cortó.
   Helado para celebrar y toda la vida para atesorar este recuerdo, para nutrirnos de él, para saber cómo llegamos hasta aquí y como debemos seguir: respetándonos, amándonos.
   Fuimos también acompañados por Marina y Olga en los tiempos posteriores, esos que son puro aprendizaje y particularmente nos brindaron mucho apoyo en lo que se refiere a lactancia.
   Hoy puedo decir que luego de informarme y leer supe que parir en casa y con parteras tiene muchísimos beneficios y ventajas, como el respeto de los tiempos naturales y la no aplicación de métodos invasivos, el apropiarse del parto y estar acompañada por una mujer que te ha conocido, que te ha escuchado y te ha descifrado.
   Hoy puedo afirmar que luego de parir en casa y con parteras, ya nada es igual en mi, descubrí una voz, como una pulsión, que me fue guiando, la cual me dice que con  apego es nuestra manera de crecer, que el colecho es lo que necesitamos, que la lactancia materna es a demanda, y que los tiempos sólo lo marcan el ritmo de nuestros corazones. Es por ello que a esa voz jamás quiero dejarla de escuchar.                       

    
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