El niño se despierta por la mañana luego de una noche donde a tomado el pecho varias veces (como todas las noches).
El niño baja de la cama y se dirige a la cocina donde se encuentra el padre. La madre aún en la cama aprovechando esos instantes gloriosos para estirarse se queda escuchando:
El niño exclama: "¡teta!"
A los dos segundos vuelve a exclamar: "¡teta!"
A microsegundo: "¡TEEEEETAAAA!
El padre le dice: "¿querés agua?"
El niño, emocionado: "¡Chí!"
A al otro día la situación se vuelve a repetir, con la diferencia de que el padre no se encontraba en la casa.
El niño se dirige a la madre y exclama: "¡teta!".
La madre recordando la escena del día anterior contesta: "¿querés agua?
En niño: "¡teta!"
La madre (intentando darle un respiro a sus tetas, a las que ya considera piezas de alto rendimiento y planea hacerle un monumento en granito, pasa a la estrategia "distracción a través del diálogo"): "¿ayer fuiste a pasear?"
Niño: "¡teta!"
La madre: "¿fuiste a pasear con la abuela?"
Niño: "¡TEEEETAAAAA!"
Madre (resignada): "ok... teta"
