Reflexiones, ideas y anécdotas de una mamá puérpera...
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domingo, 23 de diciembre de 2012

Celebrarte

Un texto de medianoche...

   Contracciones. Por estas horas, hace dos años atrás estaba sintiendo, el primer tramo de contracciones, la primer etapa del viaje que tendría como destino final nuestro encuentro.
   A veces siento que a las cosas se les impregnan los momentos, que a los olores se les adhieren las sensaciones. En distintos rincones de nuestra casa puedo vernos esa noche, ese día y ese atardecer. Puedo pararme en el punto exacto de la habitación en donde naciste, qué mágico es eso.
   Esta noche están en nuestra cama, las mismas sábanas sobre las que dormimos esa primera noche, del primer día de nuestra nueva vida, de la tuya recién estrenada en este mundo y de la nuestra, poderosamente transformada... pues, qué mágico es eso.

   Te amé instantáneamente, pero a lo largo de estos dos años, me fuiste develando tu esencia, y hoy te amo por ese ser individuo único que se desplega ante mis ojos. Amo ser mamá pero lo que más amo de ello, es ser TU mamá.

   Te miraba mientras te cantaba para que te rindieras al sueño, y pensaba que has sido para mí, llave, camino, luz, punta de lanza, poderosa razón para soñar y desear. Tu existir me ha llevado a búsquedas inimaginadas. Al contrario de los temores de perderME en una maternidad, me llevaste a desarmarme y a volverme a construir. Tu mirada sobre mí es el incentivo para luchar por lo que creo, para vivir apasionadamente, para ser benevolente sobre mis errores, para ser reflexiva sobre mis dudas.
    La crianza es intensa y puede ser ardua, pero definitivamente, lo que has hecho conmigo y para mí en estos dos años es simplemente incomparable.

    Hace unos pocos días nomás, salió de tu boca, así, sorpresivamente un: "mamá... te quieo". Sentí un calor que me envolvía, una dulzura que me llenaba, un mar de amor, un mar inmenso, majestuoso, en donde me perdía y me sentí tan pequeña ante esa enormidad de amor. Y me abrazaste, con tus bracitos, rodeándome, en un abrazo que fue una delicia.

   Gracias mi amor, por cada uno de los momentos que me regalaste, de las enseñanzas con las que me convidaste, seguiré atenta y expectante para todo todo los que nos queda por vivir.
 
   Dos años de vida.
   Dos años desde aquél día en que elegiste a esta primeriza para enseñarle a ser mamá.

  Feliz Cumpleaños Cielo, te amo intensa e infinitamente.



 




 

domingo, 21 de octubre de 2012

Orígenes


   Hacia atrás

   Útero que albergó, el útero que me ha albergado. Mujer de otro tiempo, que fue acompañando el mío, desde mi nacimiento hasta poco hace. Maternaje de cuidados, de aseos, de comida casera, del detalle. La extraño. Me ha quedado colgado en los labios, el beso y el "¡Feliz día de la madre, abue!", me faltó su sonrisa y su timidez, el abrazo en donde desde hacía varios años era mi pecho el que la recibía.
    La comprendo. Su partida es la oportunidad para ver su vida entera, la posibilidad del presente que quita la muerte, da paso a la chance de ver la película entera, fotograma a fotograma. Y la re-descubro, valiente a sus ochenta y tantos, resistente en su adultez, tenaz en su juventud, divertida y libre de un corsé imaginario en momentos especiales de los cuales agradezco haber sido testigo. Yo la conocí, yo la vi completa, con sus luces y sus aristas, con sus dones y sus carencias, y con todo, yo la amé, tanto tanto, como ella me amó a mí.


  Hacia el costado

  Tengo en mi camino, una presencia sutil, es el agua de río, que corre suave o tempestuosa en la crecida, según lo que ella con atino, lea en mi voz. Es el ahora, siempre es el ahora, porque no recuerdo en ningún momento su ausencia. Es el transitar compartido. Es reconocerme cuando la miro, es el lugar de dónde he venido. Y no hubo ni habrá como sus caricias, como sus abrazos y sus besos, como su amor inmenso, que barajó y dio de nuevo, que trocó la historia, de lazos interrumpidos. Y la disfruto, y la río, y la beso, y la abrazo, y la agradezco con la intensidad de quien ha recibido.


  Hacia adelante

  Y ha llegado mi turno, de ser dadora, de contener y acompañar. He sido el medio, el vehículo, para que la vida que se generó de un amor, saliera al mundo a vivir. Vida que me toma de la mano, me acaricia, me sonríe.
  La maternidad me resulta cambio constante, de característica dialéctica donde se turnan los turnos de aprender. Entonces somos dos, creciendo, intentando, alcanzando, afianzando, aprehendiendo.



   Celebro así, lo que para mí es el Día de la Maternidad, honrando a mi linaje, sintiendo orgullo de pertenecer, de ser parte de esta linea de mujeres, orgullo de que en la sangre que corre en mí hay un poco de ellas, de que lo que cada una le ha regalado a la otra yo se lo regalaré a quien acuno todas las noches. A ese bagaje le agregaré lo propio, para que el día de mañana, él haga lo suyo con quien lo elija para que lo ame.










sábado, 1 de septiembre de 2012

Mujeres, en plural y singular, siempre en femenino



  Vuelvo del XV Encuentro Regional de Mujeres, celebrado en Moreno, Provincia de Buenos Aires. Me motivó a participar el llevar y comunicar la realidad que atraviesa nuestro derecho como mujeres a elegir cómo, dónde y con quién parir, la necesidad de sumar voluntades a la lucha por preservar la posibilidad de elegir parir en casa con parteras. Fui junto con Belén Weber, partera independiente y José María Lubertino representante de la Relacahupan (Red Latinoamericana y del Caribe para la humanización del parto y el Nacimiento)

   Allí estuve, entre historias de mujeres, historias de mujeres de diferentes edades, diferentes lugares, diferentes situaciones económicas, historias de maternidades deseadas, maternidades impuestas por mandatos y estereotipos que nos atraviesan, historias de mujeres que aman mujeres y desean maternar, mujeres con historias duras, difíciles, historias individuales llenas de diversidad pero entrelazadas por  nuestro género femenino como común denominador.
   En la escucha respetuosa de las experiencias de cada una, en las reflexiones personales, me maravillo observando a estas mujeres, con sus vivencias, con su sentir, pudiéndose palpitar el trabajo del camino realizado por cada una hasta llegar allí, a esa ronda para contar su verdad.
   Cuando en momento se escuchó: "Se van colando en nuestro discurso palabras como: culpa, violencia, dolor, soledad, pero también está presente la RESILENCIA, esa capacidad para sobreponerse al dolor y salir fortalecido", miro a estas mujeres a las cuales jamás vi en mi vida y como nunca, me siento orgullosa de SER mujer, de mis ciclos, de mis lunas rojas, de mi intuición y mi sensibilidad menospreciadas por el patriarcado, me siento orgullosa de mi género y de verme reflejada en mujeres, de diferentes edades, diferentes lugares, diferentes situaciones económicas. Mujeres diferentes a mi, pero pares a la vez...




 




sábado, 12 de mayo de 2012

El Poder del Discurso Paterno. La Juventud y el encuentro con la Propia Sombra.



La "falta": best-seller multigeneracional.

   Sí, Laura Gutman. Sus libros hoy pasan por tantas manos, sus palabras nombran realidades que han sido calladas, revaloriza y redefine el puerperio, no como esa "cuarentena" de recuperación física y abstinencia sexual que abuelas y madres se han permitido, si no, como el complejo, desafiante y posiblemente enriquecedor momento posterior a la "erupción volcánica" que es parir a un hijo. 
   Esta mujer, nos acerca la vivencia desde la mirada del niño recién nacido, plagado de necesidades viscerales: contacto, pecho, leche, arrullo, caricias, sostén, mirada... mamá. Y caemos en la cuenta de que la mayoría de los adultos de hoy y de ayer y de más atrás, fuimos niños con falta de ello, que para sobrevivir a la falta tuvimos que adaptarnos, amoldarnos, que adoptamos el discurso sobre la realidad nombrado por ese ser amado al que tanto necesitamos y no se encuentra disponible. La falta se transforma en carencia, carencia que necesita ser alimentada, colmada, calmada. Nos llega la ma/paternidad, con ilusión, inclusive con idealización. Se produce el choque, la colisión entre las necesidades urgentes del pequeño en brazos y nuestras propias necesidades pasadas no satisfechas. Y nuestro niño interno luchará por calmar su vacío creado en otro tiempo, mientras el verdadero (y único) niño de hoy nos reclamará, con todas las herramientas que tenga a su alcance, para que saciemos su pedido legítimo. 
   Laura Gutman nos alerta que resulta inevitable e imprescindible, para poder conectar, para poder "leer" a nuestros hijos, y comprender sus necesidades, mirar hacia atrás nuestra propia historia, enfrentar nuestra sombra, ese lugar en el que desde niños hemos ido depositando aquellas vivencias, sensaciones, privaciones, porque nos resultaba demasiado duro, demasiado doloroso como pequeños seres incorporarlas a la conciencia. La ma/paternidad y en especial, el puerperio es la oportunidad de cuestionar y cuestionarnos la forma en que hemos sobrevivido hasta ahora, el rol que hemos interpretado, en pos de construir relaciones reales, sinceras y más sanas con nuestros hijos.


Se dice de mi

   En la mayoría de los libros de Gutman, es el discurso materno, es decir la forma en que mamá nos presentó el mundo, organizó la realidad tanto interna como externa y se ha relacionado con nosotros, lo que incide profundamente en nuestra constitución psíquica y emocional. Pero hay ocasiones donde el discurso que "suena más alto" es el paterno. Y este es mi caso. 
   Fui la primer hija, de un matrimonio joven, aquel que me ha conocido desde esos tiempos me recuerda y me recuerdo, como una niña sorprendentemente extrovertida, fantaseosa, expresiva, que vibraba al bailar y se sentía libre y poderosa cuando lo hacía, me recuerdo sin importarme que mis zapatos "de salir" no combinaran con mis joggins ya que estaba determinada a lucirlos a toda costa, me recuerdo disfrazada yendo a comprar o jugando en la calle, me recuerdo sintiéndome protagonista y heroína de una película imaginaria. Esa fui yo de muy pequeña.
    A los cuatro años, llega a la vida de la familia, quien sería mi gran compañero de aventuras: mi hermano (luego, años después tendría otros a los cuales amo profundamente, para ese entonces la familia ya calificaba como del tipo "ensamblada").
   Dos años más tarde, gran crisis, divorcio. Cambio de estructura familiar, de barrio y de colegio. 
   La relación con mi padre y su participación en mi vida, (y yo en la de él) comienza a delinearse. Se establece un vínculo que muchos años después podría comprender. Empiezo lenta y tempranamente a ejecutar el rol que se me asigna: sostenedora emocional de un padre, confidente, protectora, generadora de soluciones. Eso es lo que se espera de mi, son las características que se me asignan y a través de las cuales se demuestra orgullo y aprecio. Al mismo tiempo se va generando la imagen de un padre abnegado, desamparado y víctima. Veo el mundo a través de ese prisma y funciono a la perfección auxilando, escuchando, manteniendo en pie a un adulto, sin ser consciente de ello, mientras soy una niña y así aunque los años no lo evidencien, mi infancia culmina, porque paso a tener la conducta adulta en esta relación. Comienza la angustia que se va profundizando, terapia infantil, análisis de lo superficial, que siguiendo la cronología y la lógica de los hechos hace pensar que se trata de los sentimientos "esperables" en un niño cuyos padres se han separado (y de forma poco sutil). La vida sigue así y la sombra se va haciendo más grande.

  
   El Lado Oscuro de la Luna

    Los años pasan y cada uno va formando una capa de un corsé que aprieta siempre un poco más. No  siento que tenga otra alternativa que responder, ahora no sólo a mi padre, sino al mundo entero de acuerdo a lo que espera de mi, sólo así me sentiré segura, amada y merecedora de ese amor. La exigencia es desmedida. No me permito fallar, no me permito actuar de otra forma que no sea la apropiada y esperable, no me permito ponerme en primer lugar ya que las necesidades de mi padre y todos los demás están primero, ya es casi inexistente aquella niña de los principios. Es agobiante, extenuante, es... IMPOSIBLE. Termino mis estudios secundarios y llegan los tiempos en donde mis espacios sociales se reducen a velocidades impensadas, comienzo a tener problemas para desenvolverme, para socializar, sólo puedo mantener un pequeño grupo de relaciones, ya que se torna peligroso ampliar el número de personas a las cuales "responder debidamente".
     Viendo esta realidad, comienzo asustada un camino, que tiempo después comprendería, se trató del encuentro con mi gran, oscura y profunda sombra.


   El Trabajo Dignifica

   Lo que obtengamos de una terapia no es el resultado de un acto de magia. Para que sea eficiente, es necesario saber que será un camino arduo, confuso, molesto, desafiante, esquivo y con la característica de NO responder a la urgencia de nuestras necesidades. Por más imperiosa que sea nuestra necesidad de solución, el proceso tiene su tiempo, y abrir, sacar afuera, verbalizar, confrontar la sombra que hemos mantenido a raya requiere de un trabajo donde muchas veces encontramos resistencias, a veces éstas provienen de afuera y muchas otras (las más difíciles) de nuestro interior. Yo lo supe. Porque estaba completa y absolutamente perdida. Sabía que no sería ni fácil, ni rápido. Que volverme a encontrar, a reconocerme por mí misma, conllevaría una tarea donde muchas veces desearía bajar los brazos, lo sabía porque estaba en mi peor momento. 
   Comencé a trabajar, a recordar, a conectar hechos, sentimientos, y registrar MIS necesidades y a intentar COMUNICARLAS. Los cambios, en forma lenta pero paulatina comenzaron a llegar, cada exigencia que me había autoimpuesto se fue desvaneciendo, como una capa que desaparece acercándome a mi verdadero yo, a mi ser más auténtico, y en el transcurso de la metamorfosis, me enamoré de alguien... y alguien se enamoró de mi.
    La relación con mi padre se deterioró, se cayó la imagen que él proyectaba y vi todas las grietas, vi la desprotección emocional y el desamparo. Mi desafío sería correrme del lugar asignado... el detalle es que practicamente toda mi vida me había mantenido allí, salir de ese casillero me daba temor, porque si dejaba de ser lo que él quería que fuera.... entonces que sería yo? y... qué sería yo para él?


    Cambia... todo cambia.

   Y lo impensado un día sucedió, un día, dije "hasta aquí", un día dije "yo no quiero más esto", un día renuncié al beneficio estar en un lugar seguro a costa del sacrificio de mi salud y mi felicidad. No creí que fuera posible, pero di un paso al costado. Fue duro y es una decisión que debo tomar periódicamente, porque la materialización de esto fue el distanciamento total y absoluto. No había otra manera. Cuando el otro no tiene posibilidad de revisar su discurso, de reflexionar sobre sus acciones, cuando se niega sistemáticamente a asumirse responsable de sus actos, niega la chance del intercambio. Y sin intercambio no hay posibilidad de modificación.
   Si bien ya había avanzado muchísmo, hubo un hecho que generó este salto de fe, fue el momento en que, después de desearlo, elegí ser mamá.    
Estas transformaciones, tienen una simultaneidad y conexión que pude ver tiempo después: cuando decidí transformarme en madre, pasé de sentirme una niña que espera satisfacer la CARENCIA de algo que nunca llegará, para sentirme mujer que TIENE para dar.

    
   Es así como el puerperio me ha encontrado. No es que mi sombra haya desaparecido, la sombra siempre está, la ventaja es que yo ya he nadado en oscuras profundidades, me vi cara a cara con mi lado más oscuro: me descubrí mirando la vida y mirándome a mi misma apropiándome del discurso paterno, haciéndolo mío, sintiéndome víctima imposibilitada de cambiar las circunstancias que me apremiaban, ver aquello del Otro que me daña, en MI, fue terriblemente doloroso.

   Hoy atravieso un puerperio que siento mágico y revelador, la locura más sana que he vivido, que por momentos me trae dudas y desafíos, que me genera miedos e incertidumbres, pero tengo un camino recorrido, un trabajo hecho, y un conocimiento de mi misma (de mi luz y mi sombra) que son las herramientas que utilizo para salir a flote. Y estoy atenta, y me pregunto y repregunto.
  Me siento segura en mis relaciones y con mis afectos, escuchando, apoyando y acompañando, de la forma en que puedo y cuando lo deseo. Puedo disfrutar de mi hijo y mi maternidad plenamente, con cada célula de mi cuerpo. No aspiro a la perfección, pero sí a ofrecerle mi amor y buscar hacerle sentir que será este, un amor infinito y desinteresado.

  Hoy puedo decir que con mucho esfuerzo, con personas hermosas, a las que estaré siempre agradecida, que me han acompañado desde siempre en esta travesía, me reencontré y me animé a ser YO. Si,  es verdad que hay más riesgo en ello... pero también... más recompensa.






    



jueves, 12 de abril de 2012

Por qué Amo A Mi Tribu

 "Por que amo a mi tribu", es una iniciativa de "Amo ser mamá" y de"La mamá de Sara", para reconocer la importancia de las personas que nos soportan y  ayudan en la labor de ser mamás y papás. Es nuestra manera de agradecer a esta red de mujeres y hombres, que nos entienden, nos escuchan y nos apoyan a la hora de criar a nuestros hijos con amor, respeto y consciencia."



  Porque transformarse en madre es volverse un poco loca, es desplegar aspectos ocultos que jamás pensábamos que estaban ahí, es crecer y volver a ser pequeñas, es preguntarse y dudar de lo pasado y pisado y del futuro incierto, es orbitar alrededor de uno o varios soles que salieron de nosotras mismas y en ese instante lo cambiaron todo.
  Ser madre puede ser la posibilidad de crecimiento que estuvimos esperando toda la vida, es la chance de sacudirnos todos los prejuicios, lo preestablecido, la chance para cuestionar y cuestionarse y fundamentalmente para amar sin límites, para entregarlo todo, cuerpo, alma y tiempo.
   Cuando nace una madre, inmediatamente nace la necesidad de una tribu, porque la tribu es palabra, es mirada, es sostén, es apoyo, es respeto y acompañamiento, es el: "A MI TAMBIEN ME PASA!", y esas palabras pueden tener la capacidad de dispersar temores, de disolver dudas. Esas palabras hermanan, nos recuerdan que maternando somos una y todas a la vez.
    Yo Amo a Mi Tribu porque a cada paso que doy puedo mirar al costado, ver y sentir esa energía femenina, esa empatía que nos genera sabernos en la tarea de acompañar los maravillosos seres a quienes llamamos hijos...
     Gracias Mujeres-Madres por tanto, por su saber y su sentir, gracias por hacer que este puerperio además de ser mágico y loco sea un puerperio acompañado!!!


martes, 31 de enero de 2012

"Había una vez..."

   En mi otra vida, es decir la vida en donde no maternaba, la lectura era un hermoso vicio que ejercía en libertad. Libro que me interesaba y llegaba a mis manos no era soltado hasta no ver el final, una lectura compulsiva, febril, sin sacar los ojos de las páginas, ni para cocinar (lo cual ya era bastante peligroso por mi ignorancia culinaria), ni para poner la mesa, ni para nada!!! Y así iba yo, devorando libros, eso sí me tenían que interesar... nunca pude finalizar un libro donde no me consumiera la emoción al leerlo.
   "Cambia todo cambia" dice la canción y esto también ha cambiado, porque no puedo leer más de dos páginas seguidas, qué digo dos páginas... DOS LINEAS!!! Y tengo como cinco libros empezados y dejados....HORROR!!! Eso jamás me había sucedido... ¡¿Cómo no puedo TERMINAR un libro?! Y sí, el tiempo no es mucho, pero tampoco me puedo excusar con eso, porque el peque duerme sus siestitas y ahí se me abre una chance... pero me doy cuenta que... NO PUEDO!!! y son libros superinteresantes, algunos son novelas, otros que tienen que ver con la maternidad, otros con partos. Pero... qué es lo que me pasa?!! Es que las neuronas entraron en huelga general?!
    Tampoco es que tengo la habilidad mental de una ameba, no sres!!! Debo decir que he desarrollado aptitudes impensadas: puedo anticipar un golpe y poner justo la mano en donde caería la cabeza (y ahí me siento como la mamá de Los Increíbles), puedo limpiar con las toallitas un pañal atiborrado de desechos cuasi tóxicos sin ensuciar ningún otro elemento, puedo sacar el boleto del colectivo CON MONEDAS (epaaa ahí ehhh!) teniendo una mochila y un niño en la bandolera y puedo recorrer cuadras y cuadras doblada en dos sujetando una manito que acompaña a unos pies que quieren ir a la velocidad de la luz. En fin, puedo muchas cosas que antes no podía, pero extraño un poco poder zambullirme en un libro. Dicen que nada se pierde, todo se transforma, veremos si en estas vacaciones que se nos aproximan lo logro, tal vez haga trampa... y me lleve uno que ya haya leído (je!)

viernes, 13 de enero de 2012

No voy en tren, voy en avión...

   No, tampoco voy en avión (aunque me gustaría). Voy en colectivo. Si, así viajo durante la semana con el peque hacia el trabajo, una hora de ida, una hora de vuelta.
  Si, soy muy afortunada, lo sé. Porque gracias a que me pude tomar toda la licencia de un tirón después del nacimiento, a que Luca nació en temporada vacacional y a que tengo unos compañeros de trabajo que me bancaron, volví al trabajo cuando Luca y yo llevábamos 5 meses de conocernos, de disfrutarnos, de días donde nos levantábamos cuando gustábamos y nos volvíamos a acostar sin importar que sólo hacía dos horas había comenzado nuestra jornada. Días en que el perfecto relojito de su cuerpo marcaba comienzo y fin de actividades. Esto duró casi casi lo que hoy se está luchando porque todas las mujeres mamás de Argentina y sus bebes puedan tener: seis meses de licencia postnatal.
   Debo decir que no sólo soy afortunada por mi licencia y por poder llevar a Luca a mi trabajo, porque no sólo lo llevo si no que está conmigo en la oficina, gracias a que hago un horario de medio tiempo, somos muy poquitos y mi trabajo es muy relajado (es un archivo).

   Recuerdo ese viernes, el último de mi licencia, nos fuimos los tres con la practicuna en el auto. Y con una sonrisa, tratando de no despabilar mucho el avispero puse la practicuna en la oficina. Dejé unos chiches, un paquete de pañales y uno de toallitas, y hasta el próximo lunes cuando comenzáramos a trabajar. Nadie dijo nada y yo con mi mejor cara de póker. Nos incorporamos al "mundo laboral" y aquí estamos.

 Circular por la ciudad con un bebe es realmente una tarea titánica y eso lo comprendí desde el primer momento en que me tuve que cargar, con "lo necesario": mis cosas, sus cosas, las cosas "por las dudas" y el bebe enfulado. La sensación de estar en una sintonía completamente diferente al mundo era abismal. Nosotros veníamos de estar en nuestra burbuja y de pronto muchedumbre, frenadas, bocinazos, discusiones, horarios. Luca se adaptó sin problema, él seguía a fular y teta, bien cerquita, pegadito, las cosas no eran muy diferentes para él, pero yo si pude sentir el cambio.

   Inmediatamente Luca fue conquistando los corazones de la oficina y venían desde otras oficinas a conocerlo.
   Finalmente la practicuna quedó, al igual que la cuna acá en casa como archivadora de cosas varias. Luca por elección propia siempre duerme en mi pecho.
   Pero a pesar que se lo maravilloso que todo parece (y lo es) también tiene su arista. Porque viajar en bondi es estresante y con un niño lo es más. Y esta semana que Capital fue un horno, sentí que éramos dos pollos al spiedo cocinándonos lentamente. Esta situación me la venía venir, por eso cambiamos nuestro mei tai, de tela de jean, por una bandolera Cerquita Mio hermosa y fresquita (Gracias Bren!!!) pero con los calorazos que hizo no fue suficiente y la verdad que padecimos los viajes.
   También hay que mencionar el tema de estar con un bebe, que hoy está a punto de largarse a caminar, en una oficina, digamos que estoy como en alerta constante. Debo decir que Luca es un niño que posibilita el llevarlo y que en la primera de cambio veo que no está bien accionaría para encontrar otra opción. Pero por ahora lo veo fenomenal y yo, me siento feliz de poder seguir estando juntos. Que es agotador, lo es, pero lo elijo porque NOS NECESITAMOS.

   En fin, en los días de hoy, conciliar familia y trabajo es un gran desafío. Muchas mujeres deben despegarse de sus niños a poquísimos meses de nacidos y se espera que vuelvan a ser las mismas de antes, enfocadas y PRODUCTIVAS, pero creo que eso es muy poco probable, en el camino algo se sacrifica, porque o estamos en sintonía con el mundo laboral y productivo o estamos maternando piel a piel. Las dos cosas en simultáneo con el mismo nivel de entrega dudo que sea humanamente posible (en mi caso creo que no es necesario aclarar pero igual lo hago: la balanza se inclina totalmente por el maternar, mi cerebro puérpero no es ni de reojo lo que era antes je).
   Yo siento que estoy en una realidad paralela, porque sé que la posibilidad que tengo es atípica y así me lo demuestran las caras cuando digo que voy a trabajar con Luca. Tal vez en el futuro deje este trabajo (que no es para nada mi vocación) pero aún le encuentro muchos beneficios con las posibilidades que me brinda (jornada reducida, posibilidad de llevar a mi hijo, y baja demanda intelectual) y no aprovecharlas sería un despropósito, el día en que cambien estas posibilidades, mi rumbo también así lo hará. Y esto está hablado como una decisión de familia, como parte de la crianza de Luca.. Veremos veremos, por ahora, voy tachando en el calendario los días que nos faltan para que llegue febrero y dejemos de sufrir el calor para pasar a disfrutarlo, cuando nos vayamos a la casita que alquilamos en Tandil para nuestras primeras y merecidas vacaciones!!!

Primer día, entretenido con los móviles. Luego la practicuna pasaría a ser  una especie de baúl de chices 
Con la marca de la "almohada" (es decir yo)

Enfuladitos y recién despierto de la siesta matinal


El oficinista