Reflexiones, ideas y anécdotas de una mamá puérpera...
Mostrando entradas con la etiqueta dificultades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dificultades. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de mayo de 2012

El Poder del Discurso Paterno. La Juventud y el encuentro con la Propia Sombra.



La "falta": best-seller multigeneracional.

   Sí, Laura Gutman. Sus libros hoy pasan por tantas manos, sus palabras nombran realidades que han sido calladas, revaloriza y redefine el puerperio, no como esa "cuarentena" de recuperación física y abstinencia sexual que abuelas y madres se han permitido, si no, como el complejo, desafiante y posiblemente enriquecedor momento posterior a la "erupción volcánica" que es parir a un hijo. 
   Esta mujer, nos acerca la vivencia desde la mirada del niño recién nacido, plagado de necesidades viscerales: contacto, pecho, leche, arrullo, caricias, sostén, mirada... mamá. Y caemos en la cuenta de que la mayoría de los adultos de hoy y de ayer y de más atrás, fuimos niños con falta de ello, que para sobrevivir a la falta tuvimos que adaptarnos, amoldarnos, que adoptamos el discurso sobre la realidad nombrado por ese ser amado al que tanto necesitamos y no se encuentra disponible. La falta se transforma en carencia, carencia que necesita ser alimentada, colmada, calmada. Nos llega la ma/paternidad, con ilusión, inclusive con idealización. Se produce el choque, la colisión entre las necesidades urgentes del pequeño en brazos y nuestras propias necesidades pasadas no satisfechas. Y nuestro niño interno luchará por calmar su vacío creado en otro tiempo, mientras el verdadero (y único) niño de hoy nos reclamará, con todas las herramientas que tenga a su alcance, para que saciemos su pedido legítimo. 
   Laura Gutman nos alerta que resulta inevitable e imprescindible, para poder conectar, para poder "leer" a nuestros hijos, y comprender sus necesidades, mirar hacia atrás nuestra propia historia, enfrentar nuestra sombra, ese lugar en el que desde niños hemos ido depositando aquellas vivencias, sensaciones, privaciones, porque nos resultaba demasiado duro, demasiado doloroso como pequeños seres incorporarlas a la conciencia. La ma/paternidad y en especial, el puerperio es la oportunidad de cuestionar y cuestionarnos la forma en que hemos sobrevivido hasta ahora, el rol que hemos interpretado, en pos de construir relaciones reales, sinceras y más sanas con nuestros hijos.


Se dice de mi

   En la mayoría de los libros de Gutman, es el discurso materno, es decir la forma en que mamá nos presentó el mundo, organizó la realidad tanto interna como externa y se ha relacionado con nosotros, lo que incide profundamente en nuestra constitución psíquica y emocional. Pero hay ocasiones donde el discurso que "suena más alto" es el paterno. Y este es mi caso. 
   Fui la primer hija, de un matrimonio joven, aquel que me ha conocido desde esos tiempos me recuerda y me recuerdo, como una niña sorprendentemente extrovertida, fantaseosa, expresiva, que vibraba al bailar y se sentía libre y poderosa cuando lo hacía, me recuerdo sin importarme que mis zapatos "de salir" no combinaran con mis joggins ya que estaba determinada a lucirlos a toda costa, me recuerdo disfrazada yendo a comprar o jugando en la calle, me recuerdo sintiéndome protagonista y heroína de una película imaginaria. Esa fui yo de muy pequeña.
    A los cuatro años, llega a la vida de la familia, quien sería mi gran compañero de aventuras: mi hermano (luego, años después tendría otros a los cuales amo profundamente, para ese entonces la familia ya calificaba como del tipo "ensamblada").
   Dos años más tarde, gran crisis, divorcio. Cambio de estructura familiar, de barrio y de colegio. 
   La relación con mi padre y su participación en mi vida, (y yo en la de él) comienza a delinearse. Se establece un vínculo que muchos años después podría comprender. Empiezo lenta y tempranamente a ejecutar el rol que se me asigna: sostenedora emocional de un padre, confidente, protectora, generadora de soluciones. Eso es lo que se espera de mi, son las características que se me asignan y a través de las cuales se demuestra orgullo y aprecio. Al mismo tiempo se va generando la imagen de un padre abnegado, desamparado y víctima. Veo el mundo a través de ese prisma y funciono a la perfección auxilando, escuchando, manteniendo en pie a un adulto, sin ser consciente de ello, mientras soy una niña y así aunque los años no lo evidencien, mi infancia culmina, porque paso a tener la conducta adulta en esta relación. Comienza la angustia que se va profundizando, terapia infantil, análisis de lo superficial, que siguiendo la cronología y la lógica de los hechos hace pensar que se trata de los sentimientos "esperables" en un niño cuyos padres se han separado (y de forma poco sutil). La vida sigue así y la sombra se va haciendo más grande.

  
   El Lado Oscuro de la Luna

    Los años pasan y cada uno va formando una capa de un corsé que aprieta siempre un poco más. No  siento que tenga otra alternativa que responder, ahora no sólo a mi padre, sino al mundo entero de acuerdo a lo que espera de mi, sólo así me sentiré segura, amada y merecedora de ese amor. La exigencia es desmedida. No me permito fallar, no me permito actuar de otra forma que no sea la apropiada y esperable, no me permito ponerme en primer lugar ya que las necesidades de mi padre y todos los demás están primero, ya es casi inexistente aquella niña de los principios. Es agobiante, extenuante, es... IMPOSIBLE. Termino mis estudios secundarios y llegan los tiempos en donde mis espacios sociales se reducen a velocidades impensadas, comienzo a tener problemas para desenvolverme, para socializar, sólo puedo mantener un pequeño grupo de relaciones, ya que se torna peligroso ampliar el número de personas a las cuales "responder debidamente".
     Viendo esta realidad, comienzo asustada un camino, que tiempo después comprendería, se trató del encuentro con mi gran, oscura y profunda sombra.


   El Trabajo Dignifica

   Lo que obtengamos de una terapia no es el resultado de un acto de magia. Para que sea eficiente, es necesario saber que será un camino arduo, confuso, molesto, desafiante, esquivo y con la característica de NO responder a la urgencia de nuestras necesidades. Por más imperiosa que sea nuestra necesidad de solución, el proceso tiene su tiempo, y abrir, sacar afuera, verbalizar, confrontar la sombra que hemos mantenido a raya requiere de un trabajo donde muchas veces encontramos resistencias, a veces éstas provienen de afuera y muchas otras (las más difíciles) de nuestro interior. Yo lo supe. Porque estaba completa y absolutamente perdida. Sabía que no sería ni fácil, ni rápido. Que volverme a encontrar, a reconocerme por mí misma, conllevaría una tarea donde muchas veces desearía bajar los brazos, lo sabía porque estaba en mi peor momento. 
   Comencé a trabajar, a recordar, a conectar hechos, sentimientos, y registrar MIS necesidades y a intentar COMUNICARLAS. Los cambios, en forma lenta pero paulatina comenzaron a llegar, cada exigencia que me había autoimpuesto se fue desvaneciendo, como una capa que desaparece acercándome a mi verdadero yo, a mi ser más auténtico, y en el transcurso de la metamorfosis, me enamoré de alguien... y alguien se enamoró de mi.
    La relación con mi padre se deterioró, se cayó la imagen que él proyectaba y vi todas las grietas, vi la desprotección emocional y el desamparo. Mi desafío sería correrme del lugar asignado... el detalle es que practicamente toda mi vida me había mantenido allí, salir de ese casillero me daba temor, porque si dejaba de ser lo que él quería que fuera.... entonces que sería yo? y... qué sería yo para él?


    Cambia... todo cambia.

   Y lo impensado un día sucedió, un día, dije "hasta aquí", un día dije "yo no quiero más esto", un día renuncié al beneficio estar en un lugar seguro a costa del sacrificio de mi salud y mi felicidad. No creí que fuera posible, pero di un paso al costado. Fue duro y es una decisión que debo tomar periódicamente, porque la materialización de esto fue el distanciamento total y absoluto. No había otra manera. Cuando el otro no tiene posibilidad de revisar su discurso, de reflexionar sobre sus acciones, cuando se niega sistemáticamente a asumirse responsable de sus actos, niega la chance del intercambio. Y sin intercambio no hay posibilidad de modificación.
   Si bien ya había avanzado muchísmo, hubo un hecho que generó este salto de fe, fue el momento en que, después de desearlo, elegí ser mamá.    
Estas transformaciones, tienen una simultaneidad y conexión que pude ver tiempo después: cuando decidí transformarme en madre, pasé de sentirme una niña que espera satisfacer la CARENCIA de algo que nunca llegará, para sentirme mujer que TIENE para dar.

    
   Es así como el puerperio me ha encontrado. No es que mi sombra haya desaparecido, la sombra siempre está, la ventaja es que yo ya he nadado en oscuras profundidades, me vi cara a cara con mi lado más oscuro: me descubrí mirando la vida y mirándome a mi misma apropiándome del discurso paterno, haciéndolo mío, sintiéndome víctima imposibilitada de cambiar las circunstancias que me apremiaban, ver aquello del Otro que me daña, en MI, fue terriblemente doloroso.

   Hoy atravieso un puerperio que siento mágico y revelador, la locura más sana que he vivido, que por momentos me trae dudas y desafíos, que me genera miedos e incertidumbres, pero tengo un camino recorrido, un trabajo hecho, y un conocimiento de mi misma (de mi luz y mi sombra) que son las herramientas que utilizo para salir a flote. Y estoy atenta, y me pregunto y repregunto.
  Me siento segura en mis relaciones y con mis afectos, escuchando, apoyando y acompañando, de la forma en que puedo y cuando lo deseo. Puedo disfrutar de mi hijo y mi maternidad plenamente, con cada célula de mi cuerpo. No aspiro a la perfección, pero sí a ofrecerle mi amor y buscar hacerle sentir que será este, un amor infinito y desinteresado.

  Hoy puedo decir que con mucho esfuerzo, con personas hermosas, a las que estaré siempre agradecida, que me han acompañado desde siempre en esta travesía, me reencontré y me animé a ser YO. Si,  es verdad que hay más riesgo en ello... pero también... más recompensa.






    



domingo, 7 de agosto de 2011

Bebes de mi... segunda parte

   Como conté en la anterior entrada, dividí mi experiencia de lactancia en dos partes. La primer parte la narré hace tiempo, cuando Luca tenía tres meses. Ya nos habíamos establecido, habíamos aprendido y nos acoplábamos perfectamente. Nos disfrutamos mutuamente. Alrededor del 4to mes, comencé a sentir unas molestias durante las tomas, leves, a las cuales no les presté demasiada atención y aposté a que se irían. Consulté con las mamás de mi grupo de puérperas, si habían sentido algo similar, me contaron que no. Los dolores se comenzaron a intensificar, era en el pezón y luego de cada toma, persistía hasta pasado un rato. Comencé a buscar ayuda: escribí y llamé a Fundalam, La liga de la Leche, consulté con el pediatra de Luca y con la puericultora a la que había acudido anteriormente. La mayoría conincidía en que podría tratarse de micosis, es decir, hongos. Me explicaron que esto podía ser común, y me recomendaron que antes y después de cada toma, me limpiara con agua con bicarbonato o con vinagre de alcohol. Lo que no cerraba mucho, es que si fueran hongos, Luca tendría que tener también y NO los tenía.
   El dolor era cada vez más fuerte, por momentos, se me hacía muy pero muy dificil darle el pecho.
Llevé a cabo las recomendaciones que me dieron, pero no daban resultado. Comencé a angustiarme mucho, a temer que nuestra lactancia estuviera en jaque otra vez y como el tratamiento que me habían dado no funcionaba, estabamos sin saber QUÉ era lo que pasaba. Y sentí como si de pronto todos comenzaran a mirarme a mi, a dudar de mis ganas de amamantar a Luca. Dolor físico y angustia emocional.
Y un día la llamé a Marina, mi partera. Y me invitó a su nueva casita y me dijo: "Venite y charlamos así de paso te miro si tenés alguna grietita o algo". Y fuimos. Y otra vez el calor de hogar, y esa sensación de estar acompañada, me inundaron recuerdos de mi embarazo y su voz me llevó hacia mi parto y mateamos y nos reimos y hablamos. Y me revisó, tenía una pequeña grietita en un pezón, teniendolo a upa a Luca le miró la boca y me dijo que le parecía que Luca podía a estar cortando algún diente. Lo vio tomar la teta y me recomendó estar atenta a la postura de los labios, me prestó un libro y un almohadón de lactancia mucho más cómodo que el mío. Y nos volvimos a casa... no habíamos encontrado la solución exacta pero yo ya me sentía de otra manera. Cuando llegué a casa, me acordé de una foto que le había sacado a Luca en la semana, donde se estaba riendo. Fui enseguida a la compu y la busqué y busqué otra, de un tiempo atrás... y esto es lo que vi:

   Luca estaba cortando sus primeros dientes!!! Felicidad, alivio, muchas emociones juntas. Ahora sabía qué pasaba!!! Y la angustia... se fue.
   Sus dientes aparecieron semanas después y volvimos a nuestro cauce otra vez. A disfrutar a pleno, con cuerpo y alma.
Ya estamos en los siete meses y medio de lactancia exclusiva, Luca volvió a cortar dientes otra vez. Esta vez de arriba, primero los dos incisivos y ahora las paletas. Es un proceso dificil para los dos, pero le ponemos garra. En fin, esta hasta el día de hoy es nuestra experiencia de lactancia. Siempre estuve de acuerdo con la lactancia materna, por sus beneficios, por ser lo natural. Pero dar el pecho a Luca, es una experiencia maravillosa para mi, llena de amor, de paz, de conexión, estas son las verdaderas razones que me impulsaron a seguir adelante y lograrlo una vez más.       

miércoles, 3 de agosto de 2011

Bebes de Mi...

Continuamos con la Semana Mundial de la Lactancia y aquí voy a dejar mi relatada mi experiencia. Creo que hasta ahora, será el más dificil de compartir. Es que no se si podré trasmitir correctamente mis sentimientos y mis sensaciones. No se si seré clara y precisa, y si del otro lado será fácil interpretar mi mensaje. Por lo pronto, les cuento que dividiré el relato en dos entradas, la primera, la tengo ya redactada desde hace un tiempo, a pedido de mi amiga Pao de creciendo juntas, para una conocida que estaba pasando una situación similar. La segunda parte, será lo vivido estos últimos meses.


Quisiera hacer una advertencia, si hay alguna futura mamá que vaya a leer este relato, quiero decirle: estos inconvenientes me sucedieron A MI, no quiere decir que también te sucedan A VOS, pero si llega a ser así, YO pude superarlos, VOS también podrás.


Ahora si, aquí va la primera parte:


Mi experiencia con la teta.

   Nunca lo imaginé, ni lo vi venir, para mi era tan simple y natural, era como uno más uno es dos. El bebé nace con reflejo de succión y nosotras, las mujeres con pechos que se llenan de leche.
   El parto fue todo lo esperado y más, una experiencia ansiada y transitada con felicidad. Luca nació el 23 de diciembre a las 19.45, pesaba 3.900 kg. Recuerdo la sensación cuando las parteras inmediatamente de la expulsión me lo entregaron… era pesado!!! Todos mis dolores y molestias se esfumaron. Las primeras dos horas Luca estuvo alerta, mirándolo todo y nosotros disfrutando de él. Enseguida lo puse a la teta, una de las ventajas del parto que elegí (domiciliario) era poder tener contacto inmediato que yo sabía favorecía el apego y la lactancia. Hizo unas succiones, lloró un rato y se quedó dormido. Recuerdo que esa noche eso se repitió varias veces, algunas succiones, llanto, sueño. Pero el llanto cada vez se iba haciendo más intenso y no tomaba el pezón. Fue una noche larga, pero estábamos felices y yo pensaba que ya se iba a agarrar, que esto también era un aprendizaje para los dos. Así también pasó el primer día. Al segundo día, llega mi partera y al realizar el control nota que había descendido de peso, pero no más de lo que se espera. Todavía no se prendía bien al pecho. Yo comenzaba a perderme un poco. Tenía calostro, pero al ponerlo al pecho Luca no se prendía. Junto con ella realizamos varios intentos, logramos que tenga una mamada con varias succiones. La consigna era lograr mamadas de ese estilo. Con el correr del día no lo pude lograr otra vez, Luca empieza a quedarse dormido cuando lo ponía a la teta. Me pareció raro. Llamé a partera, me recomienda que lo mantenga despierto, que lo despabile con pañitos con agua (hacía mucho mucho calor). Esto funcionó un par de veces. El día iba terminando y Luca tenía un sueño cada vez más profundo, no se despertaba para pedir teta. La partera me recomienda consultar con un pediatra por posible hipoglucemia (falta de azúcar en sangre). Consultamos por teléfono dos pediatras (ya que un bebé recién nacido en una guardia acarrea cierto riesgo), que por ser fin de semana largo no se encontraban en capital, uno me dice darle agua con azúcar, otro leche de fórmula. Ya mi angustia iba en aumento. Me decidí por el azúcar, porque sabía que la leche de fórmula es mucho más difícil de digerir que la materna y por todas las consecuencias que pueden acarrear en el organismo. Cada tres horas teníamos que darle agua azucarada para despertarlo e intentar darle la teta. Al principio logramos algunos resultados, pero con el correr de la noche, Luca no se despierta, le hablaba, lo movía, lo mojaba y no pasaba nada. A las cuatro de la mañana hablo nuevamente con mi partera y nos decidimos ir a la guardia. Yo todavía con el cuerpo dolorido y cansado por el parto, junto a mi mamá y mi pareja, llevamos a Luca a la guardia de neonatología. Después de una espera prolongada, nos atienden, les cuento la situación y les comento mi preocupación por la hipoglucemia, de primera me dicen que para ellos no era este el caso, que Luca tenía buen color y varios signos que contradecían la falta de azúcar, pero igualmente le harían un análisis de sangre y orina (nunca logramos juntar la orina, es una odisea, hay que ponerle una bolsita en los genitales y esperar que haga pis y no se salga), luego de unas horas tenemos el análisis. Mientras tanto yo, con Luca, esperando en la neo, entre las máquinas e incubadoras. Me sugieren darle el pecho para ver como lo hacía. Me dicen que tengo mucho calostro y los pezones bien formados. En esta ocasión Luca se pone a llorar. Me dan una mamadera con fórmula para ver si la toma, si no hay problema en la succión… no lo hay, se la toma de una. Me dicen que las causas de que no se prenda podían ser que sea "vago" o que tuviera el frenillo corto (causas que luego fueron descartadas por otros profesionales) y me recomiendan usar pezoneras, que las vaya a comprar y ellos me enseñarían a usarlas. Así fue, con las pezoneras Luca tiene su primera mamada de 20 minutos. Yo, agotada, casadísima, estresada pero feliz, había ALGO que me permitía darle la teta a mi hijo. Buenísimo.  Al principio Luca tomaba solo de una teta, al otro día ya tomaba de las dos. Pero al finalizar esa semana, Luca había descendido mucho de peso, más de lo esperable, seguía teniendo un sueño muy profundo, sin despertarse para comer y nuevamente mi partera nos brinda apoyo y asesoramiento y nos contacta con el que hoy es nuestro pediatra. Era 31 de diciembre y vino a verlo a casa. Yo estaba exhausta, angustiadísima, con mucho miedo, sin saber que iba a pasar, si irremediablemente tendría que renunciar a darle la teta a mi bebé. El pediatra, me pide que le cuente qué estaba pasando, lo revisa, y nos dice que nos habíamos equivocado con la cantidad de agua azucarada (nosotros solo le dábamos unas gotas en gotero). Esta vez tendría que darle la teta (con la pezonera) y luego darle 20 mm de agua azucarada, así durante una semana. A mediados de la semana Luca ya comenzaba despertarse más seguido y en el control vemos que había subido 40 gr, íbamos por buen camino. Al final de la semana el pediatra lo vuelve a ver y a corroborar que estábamos mejorando. Me recomienda una puericultora, ya que si bien las pezoneras hicieron que Luca tomara la teta, no eran para utilizarlas SIEMPRE, sino para salir de situaciones temporales como ésta o una mastitis o grietas en el pezón. ¡¡¡Ya nos estábamos acomodando y ahora tenía que dejar eso que me permitía dar la teta!!! A eso, sumarle que Luca debía recuperar el peso de nacimiento. Mucha tensión y angustia. Y los comentarios negativos a la orden del día, que mi leche no era buena, o suficiente, que con el calor se podía deshidratar, que se iba a terminar desnutriendo, que esto, que lo otro. Y yo, con miedo, ¿que hago? ¿Estoy poniendo en peligro a mi bebé por mi propio deseo de amamantar? O estoy luchando por darle lo mejor?. La puericultora que consultamos, no dio en el clavo, me siguió dando más indicaciones y la lista se hacía eterna, que darle la teta antes de las tres horas, despertarlo aunque esté dormido (esto costaba mucho), que no llore porque quema calorías, que no le de chupete porque también quema calorías, que las pezoneras se tendrían que ir yendo (cómo no se, pero se las tenía que sacar), que me sacara leche para reemplazar el agua azucarada (esto fue totalmente infructuoso, tuve que probar con 3 sacaleches para que saliera algo, y eso lo único que hacía era ponerme más presión, miraba lo poquito que salía y me largaba a llorar). Hasta que hablé con mi partera, que me dijo dos cosas, la primera que haga una consulta con otra puericultora, que la había tratado a ella misma, que contemplaba todos los aspectos de la lactancia y de dar la teta, porque para dar la teta hay que estar sostenida, relajada y dejarse llevar. Segundo que tal vez lo que necesitaba era “mandar todo al carajo”. Dejar de lado instrucciones, reglas, relojes, mamaderas, sacaleches, goteros y la mar en coche. Poner a Luca a la teta y relajarme.
   Con un poco de miedo probé estas dos cosas, dejé de intentar sacarme leche, consulté con la nueva puericultora, estuve en su casa, hablando por 3 horas, llorando, desahogándome, diciéndole que  tenía miedo, que sentía culpa porque tal vez yo estuviera trabándolo todo. Ella me contuvo, me dio esperanza, me dijo que dejara de pensar en lo que pasó, que iba a poder, me dijo cosas que ya sabía, como que “TODAS LAS MUJERES PUEDEN DAR LA TETA”. Me dijo que de todo lo que nos pasa podemos aprender, que a esta situación yo podría transformarla en algo positivo y una de las cosas que me ayudaron era entender qué le estaba pasando a Luca y porqué tomaba con pezonera y no directamente de mi pecho: la respuesta era más que simple, Luca asociaba la pezonera al alimento, cuando el tenía hambre  si yo lo ponía a la teta directamente, para él de allí no saldría la leche que lo calmaría, su asociación era PEZONERA = LECHE. Tendríamos que cambiar esto, para ello me dijo que comience las mamadas con la pezonera, pero que luego la saque y presione el pecho, que salga leche y que su boca esté en contacto con el pezón y la leche, que haga esto varias veces, que si se ponía a llorar que vuelva a darle con la pezonera y luego vuelva a intentar. Otra opción era, sacarme un poquito de leche antes, y que mi pareja con un gotero se la fuera tirando cuando el tuviera su boca en contacto con mi pezón.
   Al día siguiente empecé a intentarlo, a la segunda mamada ya tomaba un ratito sin pezonera. Yo no lo podía creer. En una semana y pico ya le estaba dando una vez con pezonera y otra sin, al tiempito las pezoneras quedaban en la mesita de luz. Hoy Luca tiene tres meses y es un bebé sano y creo también muy feliz.
    Después de esta experiencia, de la que aprendí mucho, de alguna manera entendí a las mujeres que atraviesan por dificultades en la lactancia y deciden iniciar la alimentación de sus bebés con leches de fórmula. Hay mucha angustia, mucho miedo, tristeza, y uno quiere que se termine YA. Yo también deseaba eso, que todo pasara, pero tuve que ser fuerte y paciente y tener fe, confianza en la naturaleza, en mí y sobre todo en Luca.
   Si tu deseo de corazón es darle la teta a tu bebé, no bajes los brazos, no te rindas, rodeate de personas que te apoyen, de profesionales que te respeten, pedile sostén a tu pareja y hablale a tu bebé. Yo se que se puede. YO PUDE, Él PUDO.
   Te deseo mucha suerte y sea cual sea el camino que tomes, que sea con plena felicidad para vos y tu peque.     
                                                                              Flor y Luca



Dormido plácidamente por primera vez después de una toma.
Se puede ver la pezonera y al costadito, el agua con azúcar.
Quise registrar este momento, sabía que era especial, era el primer pasito firme en nuestro camino con la teta.








lunes, 1 de agosto de 2011

Esta semana es también para ellas...

Para las que NO

Las no recibieron el apoyo de su entorno.
Las que no pudieron sobreponerse ante situaciones de tensión u angustia.
Las que no tuvieron una pareja que las sostenga y generosamente resigne su tiempo.
Las que no recibieron información correcta.
Las que no tuvieron referentes.
Las que no pudieron continuar libremente por tener que volver a salir al mundo laboral.
Las que todavía no saben qué fue lo que falló.
Las que no tuvieron una lactancia feliz.
Las que no pudieron a pesar de su deseo.
    A todas ellas las abrazo, les tiendo mi mano y les deseo la sanación de sus heridas...