Y así estamos, doloridos y empastillados.
Pero como mamás, tenemos el plus de acudir a estos profesionales, como parte del cuidado de nuestros hijos. Acudimos a ellos en situación de salud durante los controles, con tantas dudas, preguntas y a veces hasta miedos, para saber si nuestros hijos "están bien", cuando muy internamente si logramos conectarnos sabremos la respuesta. Pero no, necesitamos SU respuesta. SU opinión. Y posiblemente logremos que ellos levanten la vista de la fichita y... nos la den. Lactancias truncadas por destetes abruptos, basadas en argumentos falsos, prejuiciosos y enjuiciadores, con un amplio aspectro que va desde la homosexualidad (siempre como algo negativo), pasando por la daño psicológico, dependencia, mala alimentación, incompatibilidad con medicamentos, etc. Con el colecho, suenan campanas parecidas, donde también se mezcla la sexualidad de la pareja y "sus necesidades" y entonces cambiamos la noche apacible (o lo más apacible que la situación nos permita) por desvelos, por llantos en la oscuridad (y no sólo de niños y bebes), por agotamiento a causa de la falta de buen descanso. ¿Por qué otorgamos ese poder y acatamos aún viendo que la directiva que nos han impuesto claramente no funciona y nos hace infelices? Entregamos el poder de meterse en nuestros hogares, de juzgar nuestras elecciones y sobre todo el poder de CAMBIARLAS. Claro que se juega con un método infalible de sometimiento, el miedo. Porque son ellos los conocedores de la salud y si nos avisan, nos advierten, nos pronostican nefastos horizontes si seguimos cabalgando con el rumbo elegido, pues claro que dificil será mantenerse en la senda elegida. Pero ojo! se abre una alternativa, donde no tendremos que sacrificar nuestras elecciones: ocultarlas. Si bien no las sacrificamos, las mantenemos en secreto, colechamos sin que doctores y familiares sepan, y contestamos que "si" cuando nos preguntan si "nos dejan dormir". Está bien, es una estrategia.... pero... ¿está bien? ocultar, como algo turbio, ilegal, prohibido, algo que está MAL. Nos ahorramos de los comentarios hirientes, molestos, agresivos y a cambio tenemos APROBACION: del pediatra, de nuestra madre, de nuestra suegra o de quien le haya tocado en suerte ser la voz de la sabiduría y así, sumamos nuestro granito de arena, para que quede en la sombra los beneficios de la lactancia prolongada, la armonía de dormir en familia y tantas cosas más y sigan flotando en el aire ideas caducas alejadas de lo instintivo que se mantienen allí para seguir truncando lactancias, desoyendo instintos...
En la salud como en la enfermedad, la alimentación del ser humano es fundamental, si el profesional que "cuida" la salud de nuestros hijos, atenta contra la forma más sana, propicia y amorosa de alimentarlos...¿ por qué seguimos acudiendo a él? Acaso cuando contratamos a un pintor, a un electricista, a alguien que venga a arreglar nuestra casa, no pedimos referencias? Qué mayor REFERENCIA de un pediatra puede ser, el hecho que NO apoye la lactancia materna?
¿Qué hacer entonces? ¿qué hacer para lograr el cambio? SALIR A LA LUZ, poner en la superficie nuestras verdades, que son valederas porque lo comprobamos en los ojos de nuestros hijos, no callar, no guardar, sacar afuera, hacer visible cuáles son los hilos que nos conectan con ellos, mostrar con nuestras realidades que cuando satisfacemos sus necesidades de piel, leche, mirada, contacto, calor, ellos estarán sanos... y cuando surja la enfermedad contarán con todas esas cosas, no para combatirla, para dejala pasar.
Abrazando durante la fiebre


