A partir del título de este post uno podría pensar, que el tema principal del mismo sería los "famosos" límites a nuestros hijos (si son buenos, malos, necesarios, si se enseñan o se adquieren, etc.).
Pero en realidad no.
Como ya conté en la entrada "Bebes de mi...segunda parte". La dentición de Luca es un tramo difícil. Lo es sobre todo para mi. Con los dientes que ahora está cortando ya contamos una dentadura con una decena, es decir diez unidades. Cuando Luca corta dientes, rara vez tiene fiebre o se inquieta, pero siempre babea y lo más difícil: cambia su patrón de succión (aumenta la presión paulatinamente con los dientes durante la mamada) y eventualmente me muerde.
Esta particularidad, hace que durante estos tiempos darle la teta sea muy pero muy doloroso para mi. El dolor puede durar hasta el otro día o más. Y es algo que no me gusta contarlo demasiado, siento que es hacerle mala publicidad a la lactancia y que mis interlocutores se queden con la idea de que dar el pecho es doloroso. Tengo muy en claro que este dolor es sólo durante la salida de los dientes de Luca y que esto que nos pasa a nosotros no le tiene que suceder inevitablemente a todo el mundo.
Pues bien, ante esta situación, intento enseñarle a Luca a no morderme, se lo explico, se lo pido por favor, sabiendo que no lo hace a propósito, que aún no asocia que lo que yo siento lo produce él.
Pero el domingo, después de darle la teta todo el día con este patrón de succión intenso, mis pechos me dolían mucho, muchísimo. Al llegar la noche, y estando acostados para dormir, él estaba inquieto, daba vueltas, me pedía la teta, la largaba (cada vez que hacía esto me dolía), y yo explicándole que no lo hiciera. Hasta que tomando me mordió y giró la cara hacia afuera y vi las estrellas mal... y pegué un grito terrible, "LA PUTA MADRE LUCA!". Si con puteada y todo. Me miró asustado, sollozando, volvió a agarrar la teta y se fue quedando dormido. Y a mi se me fueron cayendo las lágrimas una a una, de tal forma que cuando salía de la habitación lloraba intensamente. No, no era que se me vino abajo la idea de ser la madre perfecta, porque no es lo que intento, tampoco era que con ese grito se borraba de un plumazo mi trato amoroso habitual hacia él. Era que sentí el límite. Por primera vez. Desde que nació Luca, nos fuimos amalgamando juntos, creando nuestro equilibrio, y si bien siento que hay días más intensos que otros, algo de resto queda, una sonrisa más encuentro, otra canción me acuerdo, algún juego entretenido me invento. Inclusive ahora, que teniendo mayor independencia en su desplazamiento, llega a rincones no aptos para bebes. Y todo esto sin sentirlo forzado, es como un fluir. Pero el domingo no, el domingo me salió un grito que yo sentí violento y eso me dolió. Porque no me reconocí en ese alarido, o en ese sentimiento de amor intenso pero a la vez rechazo hacia mi hijo por el dolor físico. Era como si no fuéramos nosotros.
Y lloré, lloré por todo eso y lloré porque nada quiero enseñar gritando, porque no me siento cómoda en ese lugar, porque lo siento un lugar violento.
Y lloré y mucho, porque me asusté, me asusté de encontrar mi límite, me asusté de sentir miedo a descubrir que sí hay cosas ante las que puedo reaccionar así...
Reflexiones, ideas y anécdotas de una mamá puérpera...
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martes, 15 de noviembre de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
Bebes de mi... segunda parte
Como conté en la anterior entrada, dividí mi experiencia de lactancia en dos partes. La primer parte la narré hace tiempo, cuando Luca tenía tres meses. Ya nos habíamos establecido, habíamos aprendido y nos acoplábamos perfectamente. Nos disfrutamos mutuamente. Alrededor del 4to mes, comencé a sentir unas molestias durante las tomas, leves, a las cuales no les presté demasiada atención y aposté a que se irían. Consulté con las mamás de mi grupo de puérperas, si habían sentido algo similar, me contaron que no. Los dolores se comenzaron a intensificar, era en el pezón y luego de cada toma, persistía hasta pasado un rato. Comencé a buscar ayuda: escribí y llamé a Fundalam, La liga de la Leche, consulté con el pediatra de Luca y con la puericultora a la que había acudido anteriormente. La mayoría conincidía en que podría tratarse de micosis, es decir, hongos. Me explicaron que esto podía ser común, y me recomendaron que antes y después de cada toma, me limpiara con agua con bicarbonato o con vinagre de alcohol. Lo que no cerraba mucho, es que si fueran hongos, Luca tendría que tener también y NO los tenía.
El dolor era cada vez más fuerte, por momentos, se me hacía muy pero muy dificil darle el pecho.Llevé a cabo las recomendaciones que me dieron, pero no daban resultado. Comencé a angustiarme mucho, a temer que nuestra lactancia estuviera en jaque otra vez y como el tratamiento que me habían dado no funcionaba, estabamos sin saber QUÉ era lo que pasaba. Y sentí como si de pronto todos comenzaran a mirarme a mi, a dudar de mis ganas de amamantar a Luca. Dolor físico y angustia emocional.
Y un día la llamé a Marina, mi partera. Y me invitó a su nueva casita y me dijo: "Venite y charlamos así de paso te miro si tenés alguna grietita o algo". Y fuimos. Y otra vez el calor de hogar, y esa sensación de estar acompañada, me inundaron recuerdos de mi embarazo y su voz me llevó hacia mi parto y mateamos y nos reimos y hablamos. Y me revisó, tenía una pequeña grietita en un pezón, teniendolo a upa a Luca le miró la boca y me dijo que le parecía que Luca podía a estar cortando algún diente. Lo vio tomar la teta y me recomendó estar atenta a la postura de los labios, me prestó un libro y un almohadón de lactancia mucho más cómodo que el mío. Y nos volvimos a casa... no habíamos encontrado la solución exacta pero yo ya me sentía de otra manera. Cuando llegué a casa, me acordé de una foto que le había sacado a Luca en la semana, donde se estaba riendo. Fui enseguida a la compu y la busqué y busqué otra, de un tiempo atrás... y esto es lo que vi:
Luca estaba cortando sus primeros dientes!!! Felicidad, alivio, muchas emociones juntas. Ahora sabía qué pasaba!!! Y la angustia... se fue.
Sus dientes aparecieron semanas después y volvimos a nuestro cauce otra vez. A disfrutar a pleno, con cuerpo y alma.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Bebes de Mi...
Continuamos con la Semana Mundial de la Lactancia y aquí voy a dejar mi relatada mi experiencia. Creo que hasta ahora, será el más dificil de compartir. Es que no se si podré trasmitir correctamente mis sentimientos y mis sensaciones. No se si seré clara y precisa, y si del otro lado será fácil interpretar mi mensaje. Por lo pronto, les cuento que dividiré el relato en dos entradas, la primera, la tengo ya redactada desde hace un tiempo, a pedido de mi amiga Pao de creciendo juntas, para una conocida que estaba pasando una situación similar. La segunda parte, será lo vivido estos últimos meses.
Quisiera hacer una advertencia, si hay alguna futura mamá que vaya a leer este relato, quiero decirle: estos inconvenientes me sucedieron A MI, no quiere decir que también te sucedan A VOS, pero si llega a ser así, YO pude superarlos, VOS también podrás.
Ahora si, aquí va la primera parte:
Quisiera hacer una advertencia, si hay alguna futura mamá que vaya a leer este relato, quiero decirle: estos inconvenientes me sucedieron A MI, no quiere decir que también te sucedan A VOS, pero si llega a ser así, YO pude superarlos, VOS también podrás.
Ahora si, aquí va la primera parte:
Mi experiencia con la teta.
Nunca lo imaginé, ni lo vi venir, para mi era tan simple y natural, era como uno más uno es dos. El bebé nace con reflejo de succión y nosotras, las mujeres con pechos que se llenan de leche.
El parto fue todo lo esperado y más, una experiencia ansiada y transitada con felicidad. Luca nació el 23 de diciembre a las 19.45, pesaba 3.900 kg . Recuerdo la sensación cuando las parteras inmediatamente de la expulsión me lo entregaron… era pesado!!! Todos mis dolores y molestias se esfumaron. Las primeras dos horas Luca estuvo alerta, mirándolo todo y nosotros disfrutando de él. Enseguida lo puse a la teta, una de las ventajas del parto que elegí (domiciliario) era poder tener contacto inmediato que yo sabía favorecía el apego y la lactancia. Hizo unas succiones, lloró un rato y se quedó dormido. Recuerdo que esa noche eso se repitió varias veces, algunas succiones, llanto, sueño. Pero el llanto cada vez se iba haciendo más intenso y no tomaba el pezón. Fue una noche larga, pero estábamos felices y yo pensaba que ya se iba a agarrar, que esto también era un aprendizaje para los dos. Así también pasó el primer día. Al segundo día, llega mi partera y al realizar el control nota que había descendido de peso, pero no más de lo que se espera. Todavía no se prendía bien al pecho. Yo comenzaba a perderme un poco. Tenía calostro, pero al ponerlo al pecho Luca no se prendía. Junto con ella realizamos varios intentos, logramos que tenga una mamada con varias succiones. La consigna era lograr mamadas de ese estilo. Con el correr del día no lo pude lograr otra vez, Luca empieza a quedarse dormido cuando lo ponía a la teta. Me pareció raro. Llamé a partera, me recomienda que lo mantenga despierto, que lo despabile con pañitos con agua (hacía mucho mucho calor). Esto funcionó un par de veces. El día iba terminando y Luca tenía un sueño cada vez más profundo, no se despertaba para pedir teta. La partera me recomienda consultar con un pediatra por posible hipoglucemia (falta de azúcar en sangre). Consultamos por teléfono dos pediatras (ya que un bebé recién nacido en una guardia acarrea cierto riesgo), que por ser fin de semana largo no se encontraban en capital, uno me dice darle agua con azúcar, otro leche de fórmula. Ya mi angustia iba en aumento. Me decidí por el azúcar, porque sabía que la leche de fórmula es mucho más difícil de digerir que la materna y por todas las consecuencias que pueden acarrear en el organismo. Cada tres horas teníamos que darle agua azucarada para despertarlo e intentar darle la teta. Al principio logramos algunos resultados, pero con el correr de la noche, Luca no se despierta, le hablaba, lo movía, lo mojaba y no pasaba nada. A las cuatro de la mañana hablo nuevamente con mi partera y nos decidimos ir a la guardia. Yo todavía con el cuerpo dolorido y cansado por el parto, junto a mi mamá y mi pareja, llevamos a Luca a la guardia de neonatología. Después de una espera prolongada, nos atienden, les cuento la situación y les comento mi preocupación por la hipoglucemia, de primera me dicen que para ellos no era este el caso, que Luca tenía buen color y varios signos que contradecían la falta de azúcar, pero igualmente le harían un análisis de sangre y orina (nunca logramos juntar la orina, es una odisea, hay que ponerle una bolsita en los genitales y esperar que haga pis y no se salga), luego de unas horas tenemos el análisis. Mientras tanto yo, con Luca, esperando en la neo, entre las máquinas e incubadoras. Me sugieren darle el pecho para ver como lo hacía. Me dicen que tengo mucho calostro y los pezones bien formados. En esta ocasión Luca se pone a llorar. Me dan una mamadera con fórmula para ver si la toma, si no hay problema en la succión… no lo hay, se la toma de una. Me dicen que las causas de que no se prenda podían ser que sea "vago" o que tuviera el frenillo corto (causas que luego fueron descartadas por otros profesionales) y me recomiendan usar pezoneras, que las vaya a comprar y ellos me enseñarían a usarlas. Así fue, con las pezoneras Luca tiene su primera mamada de 20 minutos. Yo, agotada, casadísima, estresada pero feliz, había ALGO que me permitía darle la teta a mi hijo. Buenísimo. Al principio Luca tomaba solo de una teta, al otro día ya tomaba de las dos. Pero al finalizar esa semana, Luca había descendido mucho de peso, más de lo esperable, seguía teniendo un sueño muy profundo, sin despertarse para comer y nuevamente mi partera nos brinda apoyo y asesoramiento y nos contacta con el que hoy es nuestro pediatra. Era 31 de diciembre y vino a verlo a casa. Yo estaba exhausta, angustiadísima, con mucho miedo, sin saber que iba a pasar, si irremediablemente tendría que renunciar a darle la teta a mi bebé. El pediatra, me pide que le cuente qué estaba pasando, lo revisa, y nos dice que nos habíamos equivocado con la cantidad de agua azucarada (nosotros solo le dábamos unas gotas en gotero). Esta vez tendría que darle la teta (con la pezonera) y luego darle 20 mm de agua azucarada, así durante una semana. A mediados de la semana Luca ya comenzaba despertarse más seguido y en el control vemos que había subido 40 gr, íbamos por buen camino. Al final de la semana el pediatra lo vuelve a ver y a corroborar que estábamos mejorando. Me recomienda una puericultora, ya que si bien las pezoneras hicieron que Luca tomara la teta, no eran para utilizarlas SIEMPRE, sino para salir de situaciones temporales como ésta o una mastitis o grietas en el pezón. ¡¡¡Ya nos estábamos acomodando y ahora tenía que dejar eso que me permitía dar la teta!!! A eso, sumarle que Luca debía recuperar el peso de nacimiento. Mucha tensión y angustia. Y los comentarios negativos a la orden del día, que mi leche no era buena, o suficiente, que con el calor se podía deshidratar, que se iba a terminar desnutriendo, que esto, que lo otro. Y yo, con miedo, ¿que hago? ¿Estoy poniendo en peligro a mi bebé por mi propio deseo de amamantar? O estoy luchando por darle lo mejor?. La puericultora que consultamos, no dio en el clavo, me siguió dando más indicaciones y la lista se hacía eterna, que darle la teta antes de las tres horas, despertarlo aunque esté dormido (esto costaba mucho), que no llore porque quema calorías, que no le de chupete porque también quema calorías, que las pezoneras se tendrían que ir yendo (cómo no se, pero se las tenía que sacar), que me sacara leche para reemplazar el agua azucarada (esto fue totalmente infructuoso, tuve que probar con 3 sacaleches para que saliera algo, y eso lo único que hacía era ponerme más presión, miraba lo poquito que salía y me largaba a llorar). Hasta que hablé con mi partera, que me dijo dos cosas, la primera que haga una consulta con otra puericultora, que la había tratado a ella misma, que contemplaba todos los aspectos de la lactancia y de dar la teta, porque para dar la teta hay que estar sostenida, relajada y dejarse llevar. Segundo que tal vez lo que necesitaba era “mandar todo al carajo”. Dejar de lado instrucciones, reglas, relojes, mamaderas, sacaleches, goteros y la mar en coche. Poner a Luca a la teta y relajarme.
Con un poco de miedo probé estas dos cosas, dejé de intentar sacarme leche, consulté con la nueva puericultora, estuve en su casa, hablando por 3 horas, llorando, desahogándome, diciéndole que tenía miedo, que sentía culpa porque tal vez yo estuviera trabándolo todo. Ella me contuvo, me dio esperanza, me dijo que dejara de pensar en lo que pasó, que iba a poder, me dijo cosas que ya sabía, como que “TODAS LAS MUJERES PUEDEN DAR LA TETA ”. Me dijo que de todo lo que nos pasa podemos aprender, que a esta situación yo podría transformarla en algo positivo y una de las cosas que me ayudaron era entender qué le estaba pasando a Luca y porqué tomaba con pezonera y no directamente de mi pecho: la respuesta era más que simple, Luca asociaba la pezonera al alimento, cuando el tenía hambre si yo lo ponía a la teta directamente, para él de allí no saldría la leche que lo calmaría, su asociación era PEZONERA = LECHE. Tendríamos que cambiar esto, para ello me dijo que comience las mamadas con la pezonera, pero que luego la saque y presione el pecho, que salga leche y que su boca esté en contacto con el pezón y la leche, que haga esto varias veces, que si se ponía a llorar que vuelva a darle con la pezonera y luego vuelva a intentar. Otra opción era, sacarme un poquito de leche antes, y que mi pareja con un gotero se la fuera tirando cuando el tuviera su boca en contacto con mi pezón.
Al día siguiente empecé a intentarlo, a la segunda mamada ya tomaba un ratito sin pezonera. Yo no lo podía creer. En una semana y pico ya le estaba dando una vez con pezonera y otra sin, al tiempito las pezoneras quedaban en la mesita de luz. Hoy Luca tiene tres meses y es un bebé sano y creo también muy feliz.
Después de esta experiencia, de la que aprendí mucho, de alguna manera entendí a las mujeres que atraviesan por dificultades en la lactancia y deciden iniciar la alimentación de sus bebés con leches de fórmula. Hay mucha angustia, mucho miedo, tristeza, y uno quiere que se termine YA. Yo también deseaba eso, que todo pasara, pero tuve que ser fuerte y paciente y tener fe, confianza en la naturaleza, en mí y sobre todo en Luca.
Si tu deseo de corazón es darle la teta a tu bebé, no bajes los brazos, no te rindas, rodeate de personas que te apoyen, de profesionales que te respeten, pedile sostén a tu pareja y hablale a tu bebé. Yo se que se puede. YO PUDE, Él PUDO.
Te deseo mucha suerte y sea cual sea el camino que tomes, que sea con plena felicidad para vos y tu peque.
Flor y Luca
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domingo, 31 de julio de 2011
A lactar se ha dicho!
Ya comienza, la semana que conmemora la lactancia materna. Un acto instintivo por demás.
Dar la teta es lo mejor para el bebe y para la mamá. No existe otra leche que sea mejor que la leche materna ya que la leche humana está adaptada al aparato digestivo del bebe, se asimila con más facilidad que la leche de vaca (por ello los niños criados a pecho comen con más frecuencia que los alimentados artificialmente) conservando mejor la energía del niño, lo que favorece un mejor desarrollo de su cuerpo y su cerebro.
El calostro, esa sustancia espesa y amarillenta que segregan las mamas antes de la "bajada de leche", contiene entre cinco y seis veces más proteínas que la leche segregada posteriormente y la mitad de grasas e hidratos de carbono, que no son digeridos con facilidad por el recién nacido. Es irónico que en tiempos pasados se consideraba esta sustancia beneficiosa como "sucia" y se instaba a las madres a no dárselas a sus bebes.
El doctor Carlos Gonzalez nos cuenta que "la leche no es un alimento muerto, sino un tejido vivo, en constante evolución. La cantidad de grasa en la leche aumenta mucho a lo largo de la mamada: la leche que sale al principio tiene poca grasa, y la que sale al final tiene hasta cinco veces más". Y nos explica que es el niño quien regula la composición de la leche manejando tres parámetros: la cantidad entre una mamada y otra, el tiempo entre una mamada y la otra y el tomar un solo pecho o de los dos. El niño controla su dieta variando estas tres claves, por eso es tan importante que la lactancia sea a demanda. Sólo asi se puede asegurar una dieta equilibrada.
Todas las mamíferas producimos leche para alimentar a nuestras crías, pero no todas las leches son iguales, cada una esta diseñada exclusivamente para ese ser que alimentará, para sus necesidades específicas de desarrollo. En el caso de la leche humana se trata del desarrollo de la inteligencia. La leche humana contiene aproximadamente 100 ingredientes que no poseen las leches de fórmula maternizada, que tienen como base la leche de vaca. Esta leche que contiene proteínas inmunogénicas, obliga al sistema inmunitario a producir mayor cantidad de anticuerpos. La leche de vaca tiene mayor cantidad de caseína, sustancia que obstruye el sistema respiratorio y el sistema inmunológico al absorver proteínas extrañas responde secretando moco, es por ello que se asocia el consumo de leche vacuna con enfermedades del sistema respiratorio, además de problemas gastrointestinales.
La leche materna es el alimento perfecto para nuestros niños, la presencia en su composición de anticuerpos les brinda inmunidad y gracias a ello es que tiene propiedas curativas! Si mujeres, además de poder nutrir a nuestros pequeños con esta sustancia que surge de nuestros cuerpos, también podemos utilizarla para curar la conjuntivitis (yo lo he hecho en dos casos, con resultados rápidos y asombrosos), para tratar su pielcita irritada, para las picaduras de mosquitos y para nuestros pezones, que pueden sentirse irritados o agrietados.
Y cómo no mencionar el área afectiva, cómo no celebrar que la lactancia es un lazo entre mamá y bebe, que dando la teta no sólo damos alimento para el cuerpo, sino para el alma de nuestros hijos. Nos conectamos, nos miramos, nos sentimos, nos alimentamos mutuamente.
Dar el pecho es una labor, es dedicación, es entregarnos sin límites, sin tiempos, es dar lo mejor de nosotras.
Para esta entrega necesitamos de personas a nuestro alrededor que sean facilitadoras de esta entrega, que nos acompañen y faciliten esta conexión especial con nuestros hijos. Necesitamos de papás, de abuelas, de amigas, que respeten y alienten. Necesitamos de profesionales que brinden información correcta, actualizada y coherente.
Yo obtuve estos conocimientos sobre la leche materna leyendo: "El Arte feminino de amamantar" de La Liga de la Leche, "Cómo criar a un hijo sano... a pesar de su médico" del Dr Robert S. Mendelsohn, "La revolución de las Madres, el desafío de nutruir a nuestros hijos" de Laura Gutman y "Mi niño no me come" del Dr. Carlos Gonzalez. Ahora, el que me enseñó que al dar la teta doy amor, ese fue Luca, mi mejor maestro.
A todas las familias donde fluye la leche materna quiero desearles una Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna!!!
Dar la teta es lo mejor para el bebe y para la mamá. No existe otra leche que sea mejor que la leche materna ya que la leche humana está adaptada al aparato digestivo del bebe, se asimila con más facilidad que la leche de vaca (por ello los niños criados a pecho comen con más frecuencia que los alimentados artificialmente) conservando mejor la energía del niño, lo que favorece un mejor desarrollo de su cuerpo y su cerebro.
El calostro, esa sustancia espesa y amarillenta que segregan las mamas antes de la "bajada de leche", contiene entre cinco y seis veces más proteínas que la leche segregada posteriormente y la mitad de grasas e hidratos de carbono, que no son digeridos con facilidad por el recién nacido. Es irónico que en tiempos pasados se consideraba esta sustancia beneficiosa como "sucia" y se instaba a las madres a no dárselas a sus bebes.
El doctor Carlos Gonzalez nos cuenta que "la leche no es un alimento muerto, sino un tejido vivo, en constante evolución. La cantidad de grasa en la leche aumenta mucho a lo largo de la mamada: la leche que sale al principio tiene poca grasa, y la que sale al final tiene hasta cinco veces más". Y nos explica que es el niño quien regula la composición de la leche manejando tres parámetros: la cantidad entre una mamada y otra, el tiempo entre una mamada y la otra y el tomar un solo pecho o de los dos. El niño controla su dieta variando estas tres claves, por eso es tan importante que la lactancia sea a demanda. Sólo asi se puede asegurar una dieta equilibrada.
Todas las mamíferas producimos leche para alimentar a nuestras crías, pero no todas las leches son iguales, cada una esta diseñada exclusivamente para ese ser que alimentará, para sus necesidades específicas de desarrollo. En el caso de la leche humana se trata del desarrollo de la inteligencia. La leche humana contiene aproximadamente 100 ingredientes que no poseen las leches de fórmula maternizada, que tienen como base la leche de vaca. Esta leche que contiene proteínas inmunogénicas, obliga al sistema inmunitario a producir mayor cantidad de anticuerpos. La leche de vaca tiene mayor cantidad de caseína, sustancia que obstruye el sistema respiratorio y el sistema inmunológico al absorver proteínas extrañas responde secretando moco, es por ello que se asocia el consumo de leche vacuna con enfermedades del sistema respiratorio, además de problemas gastrointestinales.
La leche materna es el alimento perfecto para nuestros niños, la presencia en su composición de anticuerpos les brinda inmunidad y gracias a ello es que tiene propiedas curativas! Si mujeres, además de poder nutrir a nuestros pequeños con esta sustancia que surge de nuestros cuerpos, también podemos utilizarla para curar la conjuntivitis (yo lo he hecho en dos casos, con resultados rápidos y asombrosos), para tratar su pielcita irritada, para las picaduras de mosquitos y para nuestros pezones, que pueden sentirse irritados o agrietados.
Y cómo no mencionar el área afectiva, cómo no celebrar que la lactancia es un lazo entre mamá y bebe, que dando la teta no sólo damos alimento para el cuerpo, sino para el alma de nuestros hijos. Nos conectamos, nos miramos, nos sentimos, nos alimentamos mutuamente.
Dar el pecho es una labor, es dedicación, es entregarnos sin límites, sin tiempos, es dar lo mejor de nosotras.
Para esta entrega necesitamos de personas a nuestro alrededor que sean facilitadoras de esta entrega, que nos acompañen y faciliten esta conexión especial con nuestros hijos. Necesitamos de papás, de abuelas, de amigas, que respeten y alienten. Necesitamos de profesionales que brinden información correcta, actualizada y coherente.
Yo obtuve estos conocimientos sobre la leche materna leyendo: "El Arte feminino de amamantar" de La Liga de la Leche, "Cómo criar a un hijo sano... a pesar de su médico" del Dr Robert S. Mendelsohn, "La revolución de las Madres, el desafío de nutruir a nuestros hijos" de Laura Gutman y "Mi niño no me come" del Dr. Carlos Gonzalez. Ahora, el que me enseñó que al dar la teta doy amor, ese fue Luca, mi mejor maestro.
A todas las familias donde fluye la leche materna quiero desearles una Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna!!!
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