Reflexiones, ideas y anécdotas de una mamá puérpera...
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jueves, 9 de agosto de 2012

Volver a mi elemento



   Si lo pienso, no es tan extraño. Si lo pienso, reconozco que siempre tuvimos una conexión. Si lo pienso, no recuerdo cuándo es que aprendí a nadar, no recuerdo a nadie enseñandome a ir hacia lo profundo. Sí recuerdo los interminables momentos en ella, ya sea en alguna pileta, en el río o en el mar. Se me viene a la mente unas vacaciones, en una quinta, donde toda mi familia estaba impedida de estar en el agua: otitis, malestares estomacales y otras dolencias hicieron que la única que estuviera en el agua fuera yo. Y uno podría pensar, que llega un momento en que la soledad acuática se torna aburrida, pero jamás fue así, horas y horas en el agua, sumergida, flotando, o mirando cómo ella pasaba por entre mis dedos.
    Hoy, después de muchos años, y después de un embarazo y casi unos dos bellos, intensos, reveladores y desafiantes años de puerperio, vuelvo a ella, al agua y me reencuentro con este elemento, que hoy disfruto más que nunca, tal vez por la revalorización de los tiempos y los espacios para una misma, cuando se tiene como principal actividad el maternaje. Y disfruto, disfruto mucho, a los pocos minutos de entrar en ella, comienzo a sentir como obra magistralmente y se lleva esos dolorcitos ocasionales del colecho, el cansancio, la energía negativa, parecen ser absorbidos por cada una de las moléculas que la componen. Siento como esa enorme masa, me sostiene, me contiene, y hasta me arrulla, será tal vez, que en mi origen también he sido sostenida, contenida y arrullada en un maravilloso líquido...